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MANHATTAN, Nueva York, EU, 25 de septiembre de 2026.- El primer ministro de Haití, Alix Didier Fils-Aimé, llevó este viernes ante la Asamblea General de Naciones Unidas la crisis de seguridad, humanitaria y política que golpea a su país desde hace años y aseguró que, pese al avance de los grupos armados, Haití busca recuperar el control de su territorio y reconstruir sus instituciones con apoyo de la comunidad internacional. “Haití resiste. Haití está de pie”, afirmó durante su intervención en el Debate General de la 81 Asamblea General.
Sin embargo, la dimensión de la emergencia continúa creciendo. Cerca de 1.5 millones de personas están desplazadas internamente por la violencia, alrededor de la mitad de ellas niños, según Naciones Unidas.
Más de la mitad de la población (6.4 millones de personas) necesitan asistencia humanitaria urgente, mientras cerca de 5.7 millones enfrentan altos niveles de inseguridad alimentaria.
Fils-Aimé describió una realidad marcada por “masacres, familias en duelo, mujeres víctimas de violencias abominables, niños privados de su inocencia y comunidades expulsadas de sus hogares”. “No podemos resignarnos a ver a los muertos y heridos convertirse en simples cifras en nuestros informes”, sostuvo. “Debemos actuar. Porque en Haití, hoy, una víctima más es una víctima de más”.

Los menores se encuentran entre los principales afectados. UNICEF estima que 2.8 millones de niños necesitan asistencia humanitaria y ha documentado el profundo impacto de la inseguridad sobre el sistema educativo. Más de 1,600 escuelas estuvieron cerradas durante el ciclo escolar 2024-2025, mientras otras han sido utilizadas como refugios para familias desplazadas.
El primer ministro aseguró que el Estado está ampliando sus propias fuerzas para recuperar el control de las zonas dominadas por grupos armados. “Reclutamos. Formamos. Reforzamos”, dijo. Según detalló, más de dos mil policías ya fueron formados dentro de un programa que busca preparar a cuatro agentes y más de mil 500 nuevos soldados completaron su entrenamiento. El Gobierno también pretende formar 15 mil militares adicionales durante los próximos tres años.
Pero Fils-Aimé advirtió que el esfuerzo internacional sigue siendo insuficiente. La Fuerza de Represión de las Pandillas respaldada por Naciones Unidas, señaló, aún no alcanza los cinco mil 500 integrantes previstos.
“Un mandato no basta. Se necesitan los efectivos. Se necesitan los equipos. Se necesitan los medios. Y se necesita la determinación de llegar hasta el final”, afirmó.
El mandatario puso además parte de la responsabilidad fuera de las fronteras haitianas al señalar el tráfico internacional de armas.
“Las armas que matan a los haitianos, que siembran el terror en nuestros barrios y arrebatan vidas inocentes no son producidas en Haití”, dijo.
Según Fils-Aimé, estas llegan a través de redes criminales transnacionales que fortalecen a las pandillas, por lo que consideró su desmantelamiento una “responsabilidad compartida”.
La violencia también ha obligado a miles de haitianos a abandonar el país. Fils-Aimé dedicó una parte de su intervención a defender los derechos de los migrantes y sostuvo que “ninguna circunstancia puede justificar que su dignidad sea pisoteada”.
“La protección de una frontera y el respeto de la dignidad humana no se oponen: deben ir de la mano”, afirmó. “Una frontera puede y debe ser protegida, sin que jamás se sacrifique la dignidad humana”.

Sus declaraciones se producen mientras Haití recibe retornos forzados a gran escala. Naciones Unidas informó que casi 200 mil personas fueron devueltas por la fuerza a Haití durante los primeros ocho meses de 2026, un incremento respecto al mismo periodo del año anterior.
Documentos de la ONU también señalan que cientos de miles de haitianos han sido retornados desde República Dominicana, en muchos casos llegando a un país donde no pueden regresar con seguridad a sus comunidades de origen.
UNICEF advierte que quienes son devueltos desde República Dominicana pueden llegar sin documentación ni apoyo y quedar expuestos a falta de vivienda, hambre, violencia y explotación.
Para el primer ministro, recuperar la seguridad no puede ser el único objetivo.
“El bienestar duradero de un pueblo no puede permanecer indefinidamente suspendido de la ayuda y la caridad”, afirmó, al pedir un cambio “de la ayuda a la inversión, de la asistencia a la producción, de la dependencia al partenariado”.
El Gobierno pretende combinar la recuperación económica con elecciones que, aseguró, deben poner fin a años de transiciones políticas.
Su mensaje ante Naciones Unidas fue que el país no pide que el mundo lo sustituya, sino que lo acompañe: “Haití llama al mundo, no a salvarla, sino a mantenerse a su lado mientras retoma las riendas de su destino”.




