Obligan a T-Mobile a compensar a usuarios por alzas de precio en NY
BROOKLYN, Nueva York, EU, 6 de julio de 2026.- Cancelados en varias ocasiones, los performances del artista mexicano Emilio Rojas finalmente encontraron un lugar en Nueva York, el espacio de arte migrante y queer El Armario en Brooklyn. Uno había sido rechazado por considerarse demasiado político. El otro llevaba años enfrentando obstáculos. Ambos hablan de fronteras, migración y muerte. Y en ambos, el cuerpo del artista se convierte en el territorio donde quedan marcadas las heridas de quienes han perdido la vida intentando cruzar hacia Estados Unidos.
Frente al público, Rojas volvió a someter su espalda a una aguja sin tinta. El trazo reproduce la frontera entre México y Estados Unidos. Una herida que se abre una y otra vez. Es Open Wounds a Gloria, una obra que realiza desde 2014 y que dedica a la escritora chicana feminista Gloria Anzaldúa, autora de Borderlands/La Frontera.
“En esta pieza me tatúo la frontera de México-Estados Unidos en la espalda sin tinta, como una herida abierta”, explicó el artista. La acción parte de una frase de Anzaldúa: “La frontera México-Estados Unidos es una herida abierta donde el Tercer Mundo chirría contra el primero y sangra”.

La herida recorre su columna vertebral. Son aproximadamente 22 pulgadas de piel intervenida que evocan una división geográfica, pero también las consecuencias humanas de esa frontera. Cada año, Rojas invita a un tatuador migrante distinto a realizar la pieza.
“Desde que lo empecé en el 2014, lo hago cada año con un tatuador diferente que es migrante. Lo han hecho mexicanos, peruanos, colombianos, guatemaltecos, salvadoreños”, relató. Algunos de ellos, añadió, han cruzado la frontera o viven en condiciones migratorias precarias. En ocasiones, si así lo desean, comparten sus propias experiencias antes de comenzar.
Pero aquella noche hubo una segunda intervención. Por primera vez, Rojas presentó Si el río suena, es que sangre lleva, una obra dedicada a las personas migrantes que murieron cruzando el río Bravo y el río Colorado.
La tatuadora colombiana Jeca Garzón dibujó ambos recorridos sobre sus brazos, siguiendo las líneas de los ríos hasta las zonas donde habitualmente se extrae sangre. “Es dedicado a los migrantes que han cruzado la frontera, que han muerto en el Río Grande, Río Bravo y también el Río Colorado”, explicó. Al terminar los tatuajes, una enfermera empezó a extraerle sangre en varios tubos mientras se leían testimonios y textos relacionados con personas migrantes fallecidas al cruzar la frontera, durante persecuciones o bajo custodia de ICE.
La segunda obra tardó dos años en concretarse. Rojas aseguró que fue cancelada en dos ocasiones. Una de ellas ocurrió en Nueva York, apenas dos semanas antes de su presentación. “La razón que me dijeron es que era demasiado político. Y justo en un momento donde como migrantes estamos siendo perseguidos, detenidos, deportados, criminalizados, para mí era muy importante hacer este performance. Llevo dos años tratándolo de hacer y este es el primer espacio que me deja”, señaló.
A las objeciones políticas se sumaron las restricciones de los espacios culturales para realizar intervenciones que involucran sangre.

La extracción avanzó hasta superar los 30 tubos. Entonces ocurrió algo inesperado: Rojas perdió el conocimiento. “Uno nunca sabe qué va a pasar, tanto el público como el artista, y siempre hay la posibilidad de que pase algo que no estaba esperado, como en este caso cuando me estaban sacando la sangre. Me sacaron más de 30 tubos de sangre y en algún momento creo que, o por pérdida de sangre o porque vi la sangre, tanta sangre salir, me desmayé”, contó.
La escena provocó preocupación entre los asistentes. El riesgo, que hasta entonces formaba parte del discurso de la obra, se había manifestado físicamente.
Para el artista, esa vulnerabilidad es parte esencial de su práctica. “El performance art, que es lo que yo hago, el riesgo siempre es parte de eso y es por eso que siento que es una experiencia muy fuerte tanto para mí, que estoy haciendo el performance, como para la audiencia, para la gente que vino, que muchos me dijeron que estaban muy preocupados cuando me desmayé”.
Sin embargo, Rojas no equipara su experiencia con la de quienes atraviesan las fronteras. “Los migrantes se ponen en riesgo al cruzar. El riesgo que yo corro en hacer este performance es mínimo comparado con las travesías desde Centro y Sudamérica que nuestros hermanos migrantes hacen todos los años”.
Las dos intervenciones también buscan preservar nombres e historias que suelen quedar reducidos a cifras. “Mi visión es honrar tanto a Anzaldúa, su trabajo con Borderlands, que es un libro muy importante para los estudios fronterizos, y también honrar todas las vidas de los migrantes que en el cruce de la frontera, que cada vez se vuelve más peligroso, perdieron la vida cruzando el río en Texas, pero también en el desierto en Arizona, Nuevo México y California”, manifestó Rojas, cuya trayectoria artística investiga las heridas del colonialismo, el desplazamiento y las políticas antimigratorias.

Al finalizar, el cuerpo conserva las marcas. La frontera sobre la espalda. Los ríos sobre los brazos. La sangre extraída. Para Rojas, no existe una división entre la expresión artística y la denuncia política.
“Para mí el arte siempre es político. Todo mi trabajo es político y es sobre fronteras y migración y decolonización y soberanía de la tierra. Y para mí no hay separación”, afirmó. “El arte y la política no se pueden separar, como el arte y la vida y la política tampoco se pueden separar”.
En sus performances, las fronteras dejan de ser líneas dibujadas sobre un mapa y se convierten en heridas sobre la piel.




