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QUEENS, Nueva York, EU, 15 de julio de 2026.- El termómetro marca cerca de 36 grados centígrados, pero en Corona Avenue nadie parece dispuesto a abandonar su lugar frente a la pantalla gigante. Camisetas albicelestes, banderas, tambores y pronósticos optimistas ocupan la calle cerrada a la altura del 95-64, donde cientos de argentinos se reúnen como lo harían en cualquier barrio de Buenos Aires para seguir la semifinal del Mundial entre Argentina e Inglaterra.
El Fan Fest se instaló en una zona de Queens donde se concentran varios restaurantes argentinos y a la que también llegaron barras organizadas para acompañar a la selección. Mientras el sol cae sobre el asfalto, los asistentes buscan pequeños espacios de sombra, compran bebidas frías y vuelven rápidamente hacia la pantalla cada vez que el partido se acerca al área inglesa.
Argentina llegó a esta instancia después de superar 3-1 a Suiza en tiempo extra durante los cuartos de final. El equipo dirigido por Lionel Scaloni tuvo que resistir un encuentro cerrado antes de aprovechar la superioridad numérica y resolverlo en la prórroga.
Inglaterra, por su parte, busca alcanzar su primera final mundialista en seis décadas, en un duelo cargado por la historia deportiva entre ambas selecciones.

En Queens, sin embargo, la tensión táctica se traduce en gritos, bombos y conversaciones sobre quién marcará los goles. Un grupo de aficionados pronosticó una victoria argentina por 2-0 y no dudó al escoger al responsable: Lionel Messi. “Los dos”, respondieron cuando se les preguntó cuántos anotaría el capitán, antes de agregar que incluso podría faltarle tiempo para hacer más.
Otros prefieren la cautela, aunque mantienen intacta la confianza. Claudio Costa apuesta por un triunfo 2-1 “si Dios quiere”. Su familia proviene de Merlo y Villa Martelli, en Buenos Aires, pero él nació y creció en Nueva York, como parte de una generación que conserva la identidad argentina mediante las reuniones familiares, la música, el fútbol y los encuentros comunitarios.
El tambor que Costa llevó hasta Corona Avenue representa algo más que una herramienta para animar durante el partido. Sus padres emigraron a Estados Unidos en busca de una vida mejor y él pasó toda su vida en Nueva York. Esta es, además, la primera Copa Mundial que vive sin su padre, fallecido hace algunos años.
La última vez que ambos se abrazaron fue precisamente en este mismo lugar, después de que Argentina conquistara el título mundial. “Es muy emocionante estar acá hoy”, contó Costa, rodeado de personas que cantan y golpean los tambores mientras observan la semifinal. La calle funciona así como punto de reunión, pero también como un espacio donde se mezclan la memoria familiar y la pertenencia a un país que muchos conocen a través de sus padres.
A medida que avanza el encuentro, el calor queda en segundo plano. Los restaurantes permanecen llenos, las barras sostienen sus cánticos y cada ataque argentino provoca que la multitud se levante al mismo tiempo.
En Corona, la distancia entre Nueva York y Buenos Aires parece reducirse durante 90 minutos: una calle de Queens adopta el ritmo de un barrio argentino y espera que la selección vuelva a convertir la celebración en otra noche para recordar.




