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QUEENS, Nueva York, EU, 31 de agosto de 2026.- Las Comadres Bordadoras volvieron a reunirse este lunes en Queens alrededor de hilos, agujas, telas y sus historias de resiliencia, pero esta vez el tema central fue el miedo.
La conversación recorrió historias de migración y supervivencia, mientras cada participante avanzaba en un libro textil donde buscan contar su propia vida a través del bordado.
Una de las mujeres recordó los años en que debía esconderse debajo de la cama cuando escuchaba que llegaba la migra. También habló del temor de salir a trabajar y ser detenida. Había llegado sola desde Colombia en 1986, empujada por la falta de oportunidades.
"No sabía qué hacer, no tenía ni para la leche de mis hijos. Fue muy duro", contó durante la sesión. Hoy suma alrededor de 40 años viviendo en Estados Unidos.
La conversación también llevó al grupo a reflexionar sobre cómo la irregularidad migratoria puede dejar a las personas expuestas a abusos laborales.
Algunas participantes hablaron de empleadores que aprovechan esa vulnerabilidad para imponer condiciones injustas e incluso amenazar con llamar a inmigración cuando una trabajadora se niega a hacer lo que se le exige.
El colectivo fue creado en 2021 por Flaviana Linares, originaria de San Pedro Yeloixtlahuaca, Puebla.
“Mi rol dentro de las Comadres Bordadoras es transmitir lo poco o mucho que traemos de nuestra cultura”, explicó.

El proyecto comenzó bordando servilletas típicas mexicanas, pero con el tiempo se abrió a prendas, telas reutilizadas y nuevas formas de creación.
Para Linares, el valor del grupo va más allá de aprender una técnica.
“Lo que más me encanta es poder convivir con todas las nacionalidades, no importa de dónde ni la edad, venir a escuchar sus historias; eso me enriquece tanto”, señaló.
Su objetivo, dice, es que el arte trascienda y siga funcionando como un punto de encuentro entre mujeres de distintos orígenes.

El colectivo no exige experiencia previa. “No tienen que saber bordar”, afirmó Linares. Durante el verano han participado niñas y mujeres adultas, mientras otras llegan por primera vez sin haber tenido contacto con hilo y aguja. El espacio busca que aprendan, pero también que encuentren compañía y conexión con otras mujeres.
Actualmente, Las Comadres trabajan en un libro textil construido a partir de las historias de vida de cada integrante.
“Creemos que es importante, indispensable contar tu historia. No importa cuán fuerte haya sido tu situación”, explicó Linares.
Bordar esa memoria, añadió, permite darle color y convertir experiencias difíciles en algo que pueda ser narrado desde la propia voz.

Las reuniones de Las Comadres Bordadoras cuentan con el apoyo del Family Enrichment Center, un programa de la organización sin fines de lucro Queens Community House. El centro les facilita el local para sus encuentros, acompaña sus actividades y también participa en eventos de alcance comunitario para invitar a más mujeres a sumarse al colectivo.
Lilian Castillo, defensora familiar del centro, explicó que el objetivo es que las participantes encuentren allí algo más que un espacio físico.
“Nuestro papel es hacerlas sentir como un segundo hogar”, señaló.
Según Castillo, buscan que las mujeres se sientan bienvenidas, acogidas y seguras, dentro de un ambiente pensado para fortalecer la conexión comunitaria y brindar apoyo a quienes forman parte de Las Comadres Bordadoras.

Mónica, una participante ecuatoriana de Cuenca, resumió lo que significa para ella ese lugar: “Aquí nos hacen pasar esa depresión que se tiene”.
Entre puntadas y relatos, el grupo convierte cada lunes en un espacio donde hablar del miedo también puede ser una forma de enfrentarlo.




