Urgen vivienda asequible para frenar violencia doméstica en Nueva Jersey
NEW BRUNSWICK, Nueva Jersey, EU, 10 de abril de 2026.- En el corazón de New Brunswick, Nueva Jersey, lo que alguna vez fue un santuario de oración se ha convertido en un edificio con 11 apartamentos donde mujeres y niños que sobrevivieron la violencia doméstica reconstruyen sus vidas, a su propio ritmo y en su propio tiempo.
Entre sus residentes, las mujeres latinas representan el grupo más numeroso, con un 41 por ciento de la población.
Town Clock Community Development Corporation, fundada por la Reverenda Susan Kramer-Mills, opera lo que hoy es la instalación de vivienda permanente más grande para sobrevivientes de violencia doméstica en todo el estado de Nueva Jersey.
"Esto no es un refugio. Las personas viven aquí entre cinco y 10 años. Tenemos una de nuestras residentes originales que ha estado con nosotros 10 años y apenas ahora se va”, cuenta Kramer-Mills, la fundadora de la única organización de vivienda de este tipo en el estado.
La diferencia entre un refugio y una vivienda permanente, explica, es la diferencia entre sobrevivir y recuperarse. Los refugios ofrecen un techo por días o semanas. Town Clock ofrece tiempo, el único recurso que las sobrevivientes raramente tienen.
"Les damos tiempo para sanar. Ese es el objetivo", ha dicho Kramer-Mills. "Si no tuvieran este tiempo, ¿dónde estarían?", pregunta durante la entrevista.
La organización opera dos edificios en el campus de la iglesia First Reformed en New Brunswick: Dina's Dwellings, que alberga diez apartamentos, y la Barbara Littman House, una casa histórica renovada para una familia completa.
Desde que abrió en 2016, Town Clock ha servido a 43 individuos, mujeres y niños, y actualmente tiene 17 residentes, incluyendo seis niños. Un tercer edificio está en construcción, que añadirá siete apartamentos más, llevando el total a 18.

Las mujeres que llegan a Town Clock son referidas a través de la lista de personas sin hogar del condado, no llegan por cuenta propia.
Deben ser sobrevivientes de violencia doméstica, estar sin hogar y tener ingresos bajos o nulos. Quienes califican pagan solo el 30 por ciento de sus ingresos en renta. Si no tienen ingresos, no pagan nada. Los servicios públicos, la lavandería, una despensa de alimentos y ropa, suministros de limpieza, todo está incluido.
"Un apartamento de una habitación afuera cuesta entre mil 300 y mil 400 dólares al mes", dice Kramer-Mills. "Algunas de nuestras residentes pagan cincuenta dólares", señala.
Pero lo que distingue a Town Clock no es la renta. Es todo lo demás. Las residentes están obligadas a asistir a terapia. Los niños también son atendidos. La organización ofrece terapia de arte, yoga, talleres para padres, alfabetización financiera, talleres de empoderamiento personal, noches de juegos, noches de películas, cenas comunitarias —y un programa de becas para educación superior, disponible para cualquier residente que mantenga un promedio mínimo de B.
"Si quieres cambiar la vida de las personas", dice Kramer-Mills con sencillez, "eso es lo que se requiere”.
La población es mayoritariamente inmigrante. Kramer-Mills estima que el 41 por ciento de las residentes actuales son latinas, el 35 por ciento asiáticas, el 12 por ciento blancas, el seis por ciento negras y el 6 por ciento multirraciales.
Las inmigrantes, señala, están sobrerrepresentadas porque con frecuencia carecen de la red de apoyo en la que otras sobrevivientes se apoyan, familiares donde quedarse, una comunidad a la cual acudir. "No tienen lo que llamamos una red de seguridad", explica. “No tienen adónde ir”, concluyó.




