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TRENTON, Nueva Jersey, EU, 5 de septiembre de 2026.- A 25 años de los atentados del 11 de septiembre, miles de primeros socorristas continúan enfrentando secuelas físicas y emocionales derivadas de su labor en la Zona Cero.
El Programa de Salud del World Trade Center en la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, que opera desde 2003, ha atendido a más de seis mil 500 personas expuestas a toxinas, dentro de un universo nacional de 130 mil pacientes registrados por los CDC.
El impacto emocional sigue siendo profundo. La directora de servicios de salud mental del programa, Jodi Streich, explicó que muchos socorristas “guardaron su dolor durante 25 años” y solo ahora buscan apoyo.
En agosto, mes en el que suelen intensificarse los síntomas relacionados con el aniversario, el equipo clínico registra un aumento importante en el número de consultas.
Entre los casos atendidos está el de Frank Geffre, bombero de Piscataway, quien trabajó en las labores de recuperación en la Zona Cero y posteriormente desarrolló cánceres múltiples y otras complicaciones graves. Geffre afirma que el programa le proporcionó una red de apoyo que “le salvó la vida”.
El programa también atiende trastornos respiratorios, neuromusculares, gastrointestinales, cánceres vinculados a la exposición y afecciones de salud mental como Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), depresión y ansiedad.
La directora médica, Iris Udasin, señaló que la latencia de algunos cánceres puede ser de 20 a 30 años, lo que explica el aumento de diagnósticos recientes. En 2023, el cáncer de útero fue añadido a la lista de condiciones asociadas al Word Trade Center.
Los especialistas destacan que muchos socorristas reprimieron sus emociones durante años, especialmente quienes permanecieron en servicio. Al jubilarse, los síntomas emergieron con fuerza, agravados por enfermedades propias de la edad y por traumas acumulados a lo largo de sus carreras como policías, bomberos o personal de emergencia.
El programa conmemorará el 25 aniversario del 11 de septiembre con una ceremonia para honrar a los fallecidos y a quienes respondieron al llamado.
Para muchos pacientes, participar en estos actos es una forma de catarsis; otros prefieren recordar de manera privada. Geffre, por ejemplo, planea asistir a un partido Yankees‑Mets con su hijo.




