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TRENTON, Nueva Jersey, EU, 10 de octubre de 2026.- Un estudio de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) encontró una asociación entre tener un teléfono inteligente a los 12 años y presentar mayores probabilidades de síntomas relacionados con trastornos alimentarios a los 14.
La investigación, publicada el 25 de septiembre en JAMA Network Open, analizó datos de ocho mil 957 adolescentes participantes del Estudio Nacional de Desarrollo Cognitivo del Cerebro Adolescente (ABCD), una investigación longitudinal realizada en 21 centros de Estados Unidos. Cerca del 70 por ciento de los participantes tenía un teléfono inteligente a los 12 años.
Durante el seguimiento de dos años, quienes tenían un teléfono a esa edad mostraron un 67 por ciento más de riesgo relativo de presentar síntomas de atracones y un 50 por ciento más de conductas compensatorias inapropiadas, como vómitos, uso de laxantes o ejercicio excesivo para evitar subir de peso.
Además, presentaron aproximadamente el doble de riesgo de vincular su autoestima con el peso y un 49 por ciento más de probabilidades de reportar algún síntoma de trastorno alimentario.

El estudio también encontró que las niñas con teléfono inteligente a los 12 años tenían casi tres veces más probabilidades de reportar preocupación por aumentar de peso.
Los investigadores subrayaron que los resultados muestran una asociación y no demuestran que el teléfono inteligente sea la causa directa de estos síntomas. El estudio tampoco analizó qué aplicaciones utilizaban los adolescentes ni cuánto tiempo permanecían frente al dispositivo.
Los autores señalaron que futuras investigaciones deberán examinar posibles mecanismos, como la exposición a redes sociales, alteraciones del sueño y preocupaciones relacionadas con la imagen corporal.
El autor principal, Jason Nagata, profesor asociado de Pediatría de UCSF, indicó que la investigación buscó determinar si la edad en que un menor recibe su primer teléfono está relacionada con estos síntomas, en lugar de estudiar únicamente el uso de redes sociales.
La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda que las familias establezcan un plan de uso de medios, definan espacios y horarios sin pantallas y utilicen controles parentales.




