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CIUDAD DE MÉXICO, 3 de junio de 2026.- En las grandes ciudades, la comida callejera no solo representa una alternativa accesible y práctica, sino un componente esencial de la identidad cultural y la dinámica cotidiana.
En lugares como Ciudad de México, donde diariamente millones de personas transitan por avenidas, mercados y estaciones de transporte, los antojitos callejeros forman parte de una tradición viva que combina sabor, historia y convivencia social.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), más del 30 por ciento del gasto en alimentos fuera del hogar en México se destina a puestos informales o semifijos, lo que refleja la relevancia económica y social de dicho sector. Tacos, quesadillas, tamales, elotes y tortas no solo satisfacen necesidades alimentarias, sino que también fortalecen el tejido comunitario en entornos urbanos.
Sin embargo, la experiencia de la comida callejera no se limita únicamente a los alimentos; toda vez que las bebidas, como las de las marcas de AJEMEX, juegan un papel fundamental en el consumo y disfrute de tales platillos.
En particular, las bebidas carbonatadas o refrescos (segmento al que pertenece Big Cola) se han consolidado como el acompañamiento predilecto.
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