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MANHATTAN, Nueva York, EU, 22 de abril de 2026.- A menos de dos meses del inicio del Mundial de Fútbol 2026, programado para el 11 de junio, crece el temor entre comunidades migrantes y visitantes internacionales a redadas o controles por parte de agencias como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), en medio de una política migratoria más estricta impulsada por el gobierno de Donald Trump. Estados Unidos será el país con más partidos: 78 en total.
“Creo que la represión migratoria de la Administración Trump va a hacer que sea muy difícil que la gente se sienta segura a la hora de asistir a estos partidos”, explica Cristóbal Ramón, asesor jefe en inmigración de UnidosUS, la mayor organización de derechos civiles de la comunidad latina en Estados Unidos.
Ese temor ya tiene impacto en decisiones concretas. Samuel, colombiano de 29 años y migrante indocumentado en Nueva York, asegura que renunció a la idea de asistir al torneo.
“Yo quería comprar una entrada para el Mundial; nunca antes había tenido la oportunidad de estar en uno y este era el momento ideal porque estoy residiendo en Nueva York desde hace tres años, pero ese sueño se esfumó. Yo no voy a comprar un boleto que, además de caro, me puede poner en riesgo con la noticia de que Trump va a tener agentes migratorios en los partidos”, relata.
De acuerdo con el medio especializado en deporte de The New York Times, The Athletic, directivos de la FIFA habrían solicitado a su presidente, Gianni Infantino, que interceda ante la Casa Blanca para evitar operativos migratorios durante los partidos.
La preocupación se centra en el impacto que estas medidas podrían tener en la asistencia de aficionados internacionales y en la percepción de seguridad del evento.
Desde el gobierno estadounidense, sin embargo, el mensaje oficial ha sido distinto. En una declaración, el portavoz de la Casa Blanca, Davis Ingle, aseguró que el Mundial será “uno de los eventos más grandes y espectaculares de la historia”, destacando su impacto económico y la generación de empleo. No obstante, evitó responder directamente sobre posibles acuerdos con la FIFA respecto a la presencia de agentes migratorios.

Las dudas se intensificaron tras declaraciones previas de autoridades federales. Durante una reunión del grupo de trabajo del Mundial, el vicepresidente JD Vance señaló que el país espera recibir visitantes de cientos de naciones, pero advirtió que deberán cumplir estrictamente con las condiciones de sus visas.
A esto se suman las confirmaciones desde el propio ICE. En febrero, su director interino, Todd Lyons, declaró ante un comité de la Cámara de Representantes que la agencia formará parte del operativo de seguridad durante el Mundial.
“ICE es una parte clave del aparato de seguridad general”, afirmó, sin comprometerse a suspender operativos migratorios durante los encuentros deportivos.
Estas declaraciones han generado inquietud entre organizaciones defensoras de derechos humanos y líderes comunitarios, quienes advierten que la posible presencia de ICE podría disuadir a miles de aficionados de asistir a los partidos, especialmente a aquellos provenientes de países con restricciones migratorias o a comunidades migrantes dentro de Estados Unidos.
En el Congreso, algunas voces también han expresado preocupación. El senador Chris Van Hollen advirtió que las políticas y declaraciones del gobierno podrían desalentar la llegada de visitantes internacionales. Mientras tanto, desde el Departamento de Comercio, el funcionario Robert O’Leary aseguró que se están haciendo esfuerzos para facilitar la obtención de visas y fomentar la asistencia al evento.
El antecedente del Mundial de Clubes, celebrado previamente en Estados Unidos, también alimenta las dudas. Según informes, agentes de ICE y de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza habrían estado presentes en algunos partidos, aunque el gobierno negó que se hayan realizado operativos de control migratorio en ese contexto.
Para los migrantes y visitantes potenciales, la posibilidad de asistir a los partidos se ve opacada por el temor a controles migratorios, en un contexto donde la seguridad y la vigilancia podrían redefinir la experiencia de uno de los eventos más importantes del fútbol mundial.




