Favorecen hábitos saludables y buena dieta el enfoque cognitivo
TRENTON, Nueva Jersey, EU, 29 de marzo de 2026.- La rosácea, una afección inflamatoria crónica de la piel, continúa siendo subestimada y confundida con un problema estético, pese a su impacto en la salud y calidad de vida de millones de personas, advirtieron especialistas en dermatología.
De acuerdo con la Academia Española de Dermatología y Venereología, esta enfermedad afecta tanto a hombres como a mujeres, con ligera mayor incidencia en ellas, y suele manifestarse entre los 30 y 50 años.
Instituciones médicas como Mayo Clinic señalan que se caracteriza por enrojecimiento facial persistente, vasos sanguíneos visibles y lesiones inflamatorias similares al acné.

Expertos coinciden en que la rosácea tiene un origen multifactorial. Factores genéticos, alteraciones del sistema inmunológico y desequilibrios en la microbiota cutánea e intestinal influyen en su desarrollo. A ello se suman detonantes relacionados con el estilo de vida, como el estrés, el consumo de alcohol, la exposición solar, la mala alimentación y la falta de descanso.
Asimismo, investigaciones recientes han destacado la relación entre el intestino, la piel y el sistema nervioso, lo que sugiere que trastornos como la disbiosis intestinal o el síndrome de intestino irritable pueden agravar los síntomas cutáneos.
La enfermedad presenta distintos subtipos clínicos —eritematotelangiectásico, papulopustuloso, fimatoso y ocular—, por lo que el diagnóstico oportuno resulta fundamental para definir el tratamiento adecuado.
En algunos casos, la rosácea también puede afectar los ojos, lo que requiere atención oftalmológica para prevenir complicaciones.

Aunque no existe una cura definitiva, los especialistas destacan que un tratamiento integral permite controlar la inflamación y reducir la frecuencia de los brotes. Las opciones terapéuticas incluyen medicamentos tópicos y orales, así como procedimientos con láser o luz pulsada para mejorar el enrojecimiento.
Además, recomiendan adoptar una rutina básica de cuidado de la piel con productos suaves, hidratación constante y uso diario de protector solar, así como identificar y evitar factores desencadenantes individuales.
De acuerdo a las recomendaciones de Mayo Clinic, abordar la rosácea desde una perspectiva integral, que incluya atención médica, cambios en el estilo de vida y manejo del estrés, es clave para mejorar el pronóstico y bienestar de los pacientes.




