Libros de ayer y hoy
El Mundial: Reconfiguración del negocio audiovisual
El Mundial de fútbol 2026 no solo es un evento, ni el mayor pico de audiencia global, es una reconfiguración del negocio audiovisual y, de paso, una oportunidad para dar un mensaje de paz en medio de tensiones geopolíticas.
Durante décadas, el Mundial de fútbol se ha visto como un momento de atención de las masas por el deporte más popular en el mundo y es una gran oportunidad para aprovechar su plataforma para dar un mensaje de paz y unidad. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, hizo un llamado a utilizar el fútbol para tender puentes, asegurando que el torneo busca unir a las personas.
Volviendo a la justa futbolera que inicia en menos de 80 días (del 11 de junio al 19 de julio de 2026) en Canadá, Estados Unidos y México, el Mundial de fútbol es un imán de ratings y, consecuentemente, un acelerador de ventas publicitarias; también está considerado el último gran bastión del consumo televisivo en vivo.
Realmente, en los últimos meses, el Mundial se ha discutido más como infraestructura y menos como evento, ya no como un torneo que ocurre cada cuatro años, sino como un sistema complejo, en el que las reglas del juego han cambiado, se están rediseñando decisiones de derechos, distribución, plataformas, modelos comerciales y, sobre todo, relación con la audiencia.
Probablemente esta sea la última vez que veamos un Mundial de fútbol en televisión abierta o en un formato tradicional. Recientemente, se hizo público que la FIFA y YouTube sellaron una alianza histórica para el Mundial 2026, la plataforma transmitirá en vivo los primeros diez minutos de los partidos (a través de socios autorizados), resúmenes y partidos seleccionados, convirtiéndose en un hub digital clave con contenido exclusivo, goles casi en tiempo real y acceso a creadores de contenido.
Antes, Netflix firmó un acuerdo histórico con la FIFA para transmitir en exclusiva los Mundiales Femeninos de 2027 (Brasil) y 2031 en Estados Unidos. Esta alianza incluye contenido documental, pero no cubre la transmisión en vivo del Mundial Masculino 2026; pero Netflix también acordó lanzar un videojuego oficial de FIFA, después de que EA Sports dejó de pagar a FIFA millones de dólares por usar su marca en su popular juego (1993 a 2023), que ahora se llama EA Sports FC.
Lo cierto es que hoy las discusiones se concentran en cómo los derechos de transmisión se fragmentan por territorios y plataformas, además de que la conversación en la industria gira más en torno del first-party data y menos alrededor de solo puntos de rating.
Ya no se trata de quién transmite más partidos o quién vende más spots, es quién se queda con la relación directa con la audiencia, después de que la selección vencedora alce el trofeo.
La discusión dejó de ser TV contra streaming, esa ya es algo añejo, la verdadera discusión es quién controla el vínculo con el usuario y quién queda fuera de la ecuación por ser solo un proveedor de alcance.
El verdadero activo hoy no es el rating, es el login, la data, el hábito —de consumo—, la recurrencia y la capacidad de convertir el pico de audiencia en una relación a largo plazo, eso es lo que verdaderamente está en juego.




