Revelan investigadores vínculo entre proteínas y tumores hepáticos
TRENTON, Nueva Jersey, EU, 8 de febrero de 2026.- Las personas con función hepática comprometida podrían reducir su riesgo de cáncer o ralentizar su progresión con un simple ajuste en la dieta: disminuir el consumo de proteínas.
Un estudio liderado por la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, y publicado en Science Advances demostró que las dietas bajas en proteínas ralentizan el crecimiento tumoral hepático y reducen la mortalidad por cáncer en ratones. Los investigadores identificaron un mecanismo por el cual la maquinaria deteriorada de gestión de residuos del hígado puede, sin querer, alimentar el desarrollo tumoral.
Un cáncer de alta mortalidad
El cáncer de hígado se mantiene entre los más letales en Estados Unidos, con una tasa de supervivencia a cinco años cercana al 22 por ciento.
La Sociedad Americana del Cáncer estima que en 2025 se registraron 42 mil 240 nuevos casos y 30 mil 090 muertes.
El riesgo es aún mayor para quienes padecen enfermedad hepática. Se calcula que uno de cada cuatro adultos estadounidenses tiene hígado graso, condición que, junto con hepatitis viral y consumo excesivo de alcohol, eleva la probabilidad de cirrosis y cáncer.
El papel del amoníaco
“Si tienes enfermedad hepática o daño que impide que tu hígado funcione correctamente, deberías considerar seriamente reducir tu ingesta de proteínas”, señaló Wei‑Xing Zong, autor principal del estudio y profesor distinguido en la Escuela de Farmacia Ernest Mario de Rutgers.
Cuando se consumen proteínas, el nitrógeno se convierte en amoníaco, sustancia tóxica para el cuerpo y el cerebro. Un hígado sano lo transforma en urea inofensiva, que se elimina por la orina. Sin embargo, en pacientes con cáncer hepático este sistema suele estar afectado.
Para comprobar si la acumulación de amoníaco es causa o consecuencia del cáncer, el equipo de Zong indujo tumores en ratones y desactivó genéticamente las enzimas encargadas de procesar el amoníaco en algunos de ellos. Los animales con enzimas deshabilitadas desarrollaron más tumores y murieron antes que aquellos con sistemas funcionales.
Los investigadores rastrearon el exceso de amoníaco y descubrieron que alimentaba directamente a las moléculas que las células cancerosas necesitan para crecer: aminoácidos y nucleótidos.
Una intervención sencilla
Con el mecanismo identificado, probaron una estrategia simple: reducir la proteína en la dieta. Los ratones alimentados con menos proteína mostraron un crecimiento tumoral más lento y vivieron más tiempo que los que recibieron niveles estándar.
Las personas con hígado sano no necesitan preocuparse, ya que su organismo puede manejar una ingesta robusta de proteínas. Pero los hallazgos tienen implicaciones para quienes viven con cáncer hepático, hígado graso, hepatitis viral u otros problemas de función hepática.
Zong advierte que cualquier cambio dietético debe consultarse con un médico, ya que las guías oncológicas suelen recomendar más proteína para mantener la masa muscular durante el tratamiento. El equilibrio dependerá del diagnóstico y de la función hepática de cada paciente.
“Reducir el consumo de proteínas puede ser la forma más sencilla de bajar los niveles de amoníaco”, concluyó.


