Libros de ayer y hoy
La Constitución Mexicana, arma para el pueblo
laislaquebrillaba@|yahoo.com.mx
Decir que febrero es el mes de la Constitución, es decir que nuestra Carta Magna está parapetada en unos días. Falsa aseveración, la vigencia del texto supremo es cotidiana y lo ha sido desde 1917, cuando se promulgó el 5 de este mes. Vano sería entrar al quite de su valor cuando es la que nos gobierna, pero hay que reconocer que como sucede en muchos países, sus cartas fundamentales en realidad les han servido a los sistemas y eso se evidenció en México, en las muchas reformas que ha tenido la nuestra. Muchas de ellas para cubrir intereses del poder, aunque algunas hayan sido fundamentales. Debemos recordar ademas, que a la diestra de estas letras obligatorias, se produjo un sistema que duró por décadas y que dejó marcado al país tal como lo vemos. Todavía sus desechos se mueven por ahí usando el dinero público, para tratar de seguir explotando lo que es del pueblo.
PARA EL PUEBLO LA CONSTITUCIÓN ES DEFENSA, Y DEBE PROTEGERSE DE INTERESES
La Constitución Mexicana que arriba a sus 109 años, no es un ente estereotipado para lanzar consignas ideales como lo han tratado de hacer ciertos políticos. Pero si es el arma que a partir de esas consignas, les sirve como medio para atacar, esos que paradójicamente la violan. La Carta Magna es para el pueblo su refugio frente a la dominación, aunque para algunos juristas, como el destacado constitucionalista Elisur Arteaga Nava, “es simplemente un instrumento de poder que regula relaciones de dominación y de sometimiento”. Eso podría confirmarse en el hecho de que fue un sistema que apoyado en esta Constitución ejerció su dominio sobre el pueblo, para dejarlo en un quiebre escandaloso, con altas deudas y millones de pobres y pobres extremos, debido al saqueo permanente. Las cifras son reales y se manejan en forma constante. Lo lógico es que la carta magna se hace extensiva a todo el orden jurídico y que desde luego, como lo sostienen otros juristas, tiene mucho que ver con quien usa ese instrumento. Porque hay quienes se agarran de la Constitución para usarla como arma política.
PESE A SUS REFORMAS, LA NORMA SE HA DEFENDIDO Y CONSERVA PRINCIPIOS.
La historia de esta norma superior, es de las primeras que fueron lanzadas en América después de la estadounidense en 1787, con las del siglo X1X las que precedieron a la de 1857, para llegar a la actual de 1917, que es admirada en sus orígenes por grandes teóricos del mundo. Su vigencia ha pasado desde entonces por muchas manos y ese uso de su poder para fincar ambiciones, se expresa en sus más de las 770 reformas a partir de 256 decretos presidenciales lanzados. Pero tasajeada, alterada para los intereses de aquel sistema, en muchos casos deformada en su lenguaje como lo ha sostenido el jurista Diego Valadés, la norma se ha defendido y conserva principios fundamentales, a los cuales, -probidad de algunos legisladores-, se han añadido situaciones que tienen que ser ordenadas desde arriba. Una de ellas de los derechos humanos. Y los que se están planteando en ese sentido y otros fundamentales en el actual régimen.
HAY QUE ADAPTAR LA NORMA A LOS TIEMPOS Y MODERNIZAR TÉRMINOS
No falta quien o quienes esporádicamente proponen un nuevo constituyente y dan razón en torno a tantas reformas y tantos cambios y la necesidad de adecuar la norma a los tiempos. La historia de algunas constituciones como la de Estados Unidos ha demostrado que no es necesario volver a empezar. Para eso están como en aquel caso, las enmiendas. Y en el nuestro las reformas aunque se acumulen. El libro del jurista chileno Eduardo Novoa Monreal, El derecho como obstáculo al cambio social, señala la obsolescencia de los documentos jurídicos que rigen en general a los países y en los que nuestra Constitución no es una excepción. La de 1917 ha cambiado en un palabrerío que triplica sus originales términos, pero la consigna jurídica es la misma. El asunto fue tocado hace nueve años cuando el documento cumplió cien años. En el libro de Novoa se advertía desde los años ochenta, de lo viejo de algunos principios. Con sus propuestas, se dice que el abogado chileno rasga el velo de los santuarios jurídicos, de “los sumos sacerdotes del derecho”, y se lanza contra la vetustez de principios que consolidan un orden social que hace crisis para mantener “el individualismo decimonónico”. Este teórico ha propuesto modificar la mitología jurídica y otros como él sugieren introducir nuevos conceptos y adaptar los documentos jurídicos a los tiempos, reformar los derechos internos e incorporar nuevas propuestas de derecho internacional. En ese sentido la Constitución de la CDMX es más moderna, ¿pero quien se lanza al ruedo de modificar los términos -sin crear una nueva-, de la carta magna como lo ha propuesto también el ya mencionado Diego Valadés? Maquiavelo diría en uno de sus discursos: “Ciertamente estas reformas no se consiguen sin peligro, porque jamás la multitud se conforma con nuevas leyes que cambien la constitución de la república, salvo cuando es evidente la necesidad de establecerlas...”


