Convertir la migración en fortaleza, la historia de Alan López en GAF
TRENTON, Nueva Jersey, EU, 16 de enero de 2026.- Hablar de liderazgo latino dentro de grandes corporaciones en Estados Unidos no siempre implica cifras, cargos o títulos. A veces, implica historia, migración, familia y decisiones difíciles. Ese es el caso de Alan López, uno de los funcionarios hispanos más destacados dentro de GAF, una de las compañías de techos más grandes del país.
En entrevista con Quadratín Hispano, López abrió una conversación íntima sobre su recorrido personal y profesional, marcado por la migración, la resiliencia y una convicción clara, que es no olvidar de dónde viene para saber hacia dónde va.
Desde el inicio, Alan se define no por su cargo, sino por su identidad. Se describe como inmigrante, mexicano de corazón y hombre de familia, colocando esos pilares como el centro de todo lo que ha construido.
Su relato no parte del éxito, sino de la humildad, de la aspiración y de una mentalidad que lo ha acompañado toda la vida, la de avanzar incluso cuando otros dudan de ti.
“La verdad es que Alan López es mexicano de corazón, inmigrante, como muchos de los que nos ven. Tal vez hasta cierto punto una persona humilde, aspiradora a cosas que tal vez vean imposibles. Vivo por un modo de pruébenme que estoy equivocado, y si no, pues trato de continuar avanzando. Pero más que nada, soy padre, esposo e hijo. Como latino, el núcleo familiar para mí es muy importante, entonces nunca olvido de dónde vine, de quién soy, y utilizo eso para poderme enfocar a dónde voy”, indicó el empresario.

Su historia no responde a un plan trazado desde la infancia. Al contrario, Alan reconoce que su llegada al mundo corporativo fue casi accidental. Nacido y criado en la Ciudad de México, creció en una familia de clase media, con valores sólidos de trabajo inculcados principalmente por su madre. La separación de sus padres y la inestabilidad económica marcaron un punto de quiebre que, como en el caso de millones de migrantes, terminó empujándolo fuera de su país.
“Yo creo que todo pasa por accidente. Si me hubieras preguntado cuando tenía 10 o 15 años qué iba a hacer cuando creciera, esto hubiera sido lo último que te habría dicho. Crecí en la Ciudad de México, no éramos pobres, éramos clase media, pero la escasez de trabajo y la falta de un padre en casa empieza a afectar el núcleo familiar y económico. Las circunstancias de nuestros países nos obligan a muchos a salir. Nadie estaría aquí si todo estuviera bien en su país”, manifestó.
Llegada de Alan López a Estados Unidos
A los 16 años, Alan llegó a Estados Unidos, específicamente al estado de Utah, en un proceso que él mismo describe como forzado, doloroso y solitario. Viajó solo durante varios días, cruzó fronteras, cambió de idioma y de cultura, y enfrentó de golpe la realidad de empezar desde cero.
Apenas llegó, ingresó a la escuela secundaria sin hablar inglés y, paralelamente, comenzó a trabajar como lavaplatos, aprendiendo desde muy joven el valor del esfuerzo.
“Mi padre me puso en un autobús en la central camionera del norte en la Ciudad de México y me mandó solo al estado de Utah. Tenía 16 años. Crucé la frontera legalmente, con visa, pero estaba solo por días. Eso no se lo recomiendo a nadie. Llegué un sábado, el lunes ya estaba en la preparatoria sin hablar inglés y ese mismo día mi madre me mandó a trabajar. Todo eso te va preparando para los retos que vienen después”, relató López.
Su proceso de adaptación incluyó la universidad, donde decidió estudiar literatura española para aprender a escribir profesionalmente en su propio idioma, algo que considera clave en su desarrollo.
Más adelante, su vida personal también se convirtió en una escuela cultural, se casó con una estadounidense, formó una familia bicultural y aprendió a navegar dos mundos distintos sin renunciar a su identidad.
Ese cúmulo de experiencias fue, según él, la base que lo preparó para asumir uno de los mayores retos de su vida profesional; ingresar a GAF cuando prácticamente no había representación hispana dentro de la compañía. Al ver una vacante que pedía a alguien bilingüe, con capacidad de entrenar y conocimientos técnicos, decidió arriesgarse, aun cuando no dominaba el mundo del roofing.
“Cuando vi la posición, pedían tres cosas y eran que fuera bilingüe, que supiera entrenar y que supiera de techos. De esas tres, yo cumplía dos. De roofing no sabía nada, pero pensé que no podía ser tan difícil. En la entrevista mi jefe me preguntó qué pasaba si no funcionaba, y yo le dije: dame seis meses. Si yo mismo veo que no sirvo para este trabajo, yo me voy. No me tienes que correr. Eso lo sorprendió. Hoy, después de casi 16 años, aquí sigo”, manifestó Alan con satisfacción por los años que lleva en la compañía.
Para Alan López, su crecimiento dentro de GAF no se explica únicamente por el talento o la preparación académica, sino por una mentalidad forjada en la migración; no temerle a los retos, aceptar las diferencias culturales y entender que muchas veces las oportunidades no llegan perfectas, sino incompletas, esperando que alguien se atreva a aprender.
Mensaje de reflexión
López envió un mensaje directo y emocional a la comunidad migrante hispana, especialmente en un momento complejo para los inmigrantes en Estados Unidos.
Su llamado no es a ignorar las dificultades, sino a reconocerlas para poder enfrentarlas con estrategia y apoyo comunitario.
“El hispano en este país tiene mucho poder, pero a veces no lo entendemos. Las circunstancias nos obligaron a venir como se pudo. No es un obstáculo imposible de romper, pero sí es un obstáculo que hay que enfrentar. Lo primero es reconocer la situación en la que estamos, incluso si es ilegal. No es imposible arreglarlo, pero hay que reconocerlo primero. Luego hay que apoyarse de la gente que puede ayudar y, sobre todo, involucrarse en la comunidad. Eso es algo que yo no hice al principio y me arrepiento de no haberlo hecho antes”, dijo López.
Finalmente, Alan dejó una reflexión que resume no solo su historia, sino la de millones de migrantes que avanzan con miedo, pero que intentan avanzar.
“No le tengan miedo a nada. Sean precavidos, claro, pero no le tengan miedo a nada. Cuando uno le tiene miedo a algo, prefiere no hacerlo y es cuando el progreso se frena. Aquí hay oportunidades para todos, pero hay que hacer las cosas bien”, puntualizó el funcionario de GAF.
La historia de Alan López no es solo la de un ejecutivo exitoso dentro de una gran compañía. Es el reflejo de una generación de inmigrantes que aprendieron a convertir el desarraigo en fuerza, el miedo en disciplina y la identidad en una herramienta para abrir caminos donde antes no existían. Una historia que, como muchas, demuestra que el liderazgo latino en Estados Unidos no se improvisa, se construye paso a paso, con raíces firmes y mirada al futuro.


