Libros de ayer y hoy
La presidenta Sheinbaum conminó a la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, a aclarar el señalamiento de Reforma sobre la presunta corrupción en el INE que directamente a sí misma involucra. También a la necesidad de revisar el gasto por la Auditoría Superior de la Federación, que tendría que esperar dos años porque los informes de esta oficina así funcionan. Reforma revela que el INE ha sido “sitiado” por la UIF, bloqueando cuentas de proveedores consentidos desde hace años por Taddei. Aunque el titular del Órgano Interno de Control del INE (OIC), Víctor Hugo Carvente fue nombrado de manera independiente por la Cámara de Diputados, por lo visto se ha ocupado más en revisar y sancionar a los anteriores consejeros que a cumplir con rigor la encomienda para la que fue nombrado.
El INE vive su peor momento y sus dificultades no se derivan del entorno complicado; tampoco de las restricciones presupuestales que le ha impuesto la mayoría morenista en la Cámara con el explícito aval de la presidenta Sheinbaum. El INE es una muy compleja organización que ha ganado el reconocimiento y la confianza ciudadana por su buen desempeño, profesionalismo, autonomía e imparcialidad de quienes allí colaboran.
El Consejo General del INE es seleccionado por el voto calificado de los diputados. En retrospectiva, sus integrantes han cumplido con el sentido de imparcialidad, incluso los designados en la primera parte del gobierno de López Obrador. La situación cambió en la segunda mitad y arribó un nuevo perfil de consejeros, entre éstos Guadalupe Taddei, quien presidía el OPLE de Sonora, gobernado por Alfonso Durazo, presidente del Consejo de Morena, y seguramente promotor de su arribo a la presidencia del INE.
El presidente López Obrador cuestionó al Consejo General y centró su descalificación en Lorenzo Córdova y Ciro Murayama; las agresiones e insultos fueron en aumento, particularmente en la última parte del ciclo sexenal, incluso Morena les amenazó con interponerles juicio político. Se intentó igualmente una fallida reforma para acabar con la autonomía del INE, el bloqueo en el Senado de designaciones en el Tribunal Electoral y la remoción de su presidente Reyes Rodríguez, así como el nombramiento de Lenia Batres como ministra de la Corte, a pesar de su manifiesta ineptitud. En este contexto se dieron los nombramientos de los nuevos consejeros. El INE es una muestra más de la herencia obradorista: destruyó lo que estaba razonablemente bien y lo nuevo fue un desastre: corrupción, parcialidad e incompetencia.
Las razones de la debilidad del INE son justamente la pérdida de su profesionalismo, autonomía e imparcialidad de la mayoría del Consejo. La consejera presidenta Guadalupe Taddei ha sido responsable de la involución del INE. En la nueva etapa, todo parece que el INE no sólo ha sido colonizado por el régimen político, también a su semejanza la venalidad ha cobrado realidad y, de acuerdo con la revelación de Reforma ocurre desde la misma oficina de la presidenta. No es el estilo de quienes ahora mandan y gobiernan echar a quienes traicionan, roban y mienten. Ni se retiran ni los cesan, pueden resistir la tormenta por la evidencia que les incrimina a sabiendas de la impunidad para los del régimen.
La presidenta Sheinbaum no le guarda consideración al INE y tampoco respeto a la señora Taddei. Eso suele suceder con los oficiosamente sumisos. Ha eludido en dar una explicación sobre los hechos denunciados, su respuesta de ayer miércoles es burla y engaño, mientras la UIF actúa contra los proveedores, ¿cuándo habrá de tomar cartas en el asunto la FGR muy activa con adversarios?
La señora Taddei nunca debió ser funcionaria del INE; ni siquiera en Sonora. Es un producto de lo peor del sistema: parcialidad y venalidad. Los órganos electorales no pueden transitar en condiciones de debilidad en lo que será el proceso electoral más complejo desde que se originó el IFE. El saldo de la corrupción que incrimina a la consejera presidenta la vuelve vulnerable ante el régimen político y a merced de quien pueda iniciarle un proceso judicial. La gravedad de la situación obliga al retiro, por las buenas o malas de la consejera presidenta para salvaguardar la integridad de la institución. También a enfrentar la justicia administrativa y penal por las faltas cometidas.
El régimen político está empecinado en reproducirse en el poder. No entiende que hay peores cosas, considerablemente peores que perder una elección, esto es, la pérdida de la civilidad en la disputa por el poder. Mientras el INE padece el fundado desprestigio, quien lo preside, más que solución, es origen del problema.




