Libros de ayer y hoy
Durante mucho tiempo, se ha dado por hecho que México pertenece casi exclusivamente a Norteamérica. La relación económica con Estados Unidos y Canadá, fortalecida por el T-MEC, ha sido vista como el principal camino para el desarrollo del país. Sin embargo, la próxima cumbre entre México y la Unión Europea, después de once años, obliga a repensar esa idea.
Lo que está en juego no es solo un acuerdo comercial actualizado. Es algo más importante: reconocer que México no puede depender de una sola región del mundo. Hoy tiene la capacidad de participar en varios espacios económicos globales al mismo tiempo.
Europa es un mercado enorme, con más de 400 millones de personas y altos niveles de ingreso. Pero no se trata solo de vender más productos. Para México, representa la oportunidad de mejorar su economía, pasando de competir por precios bajos a competir por calidad, innovación y cumplimiento de estándares internacionales.
Esto abre oportunidades en sectores como la agroindustria de alto valor, la manufactura avanzada y las energías limpias. La clave ya no es solo producir cerca de Estados Unidos, sino producir mejor para competir en todo el mundo.
Sin embargo, entrar al mercado europeo no es fácil. Europa tiene reglas estrictas en temas ambientales, sanitarios y tecnológicos. Esto significa que no todos los sectores mexicanos podrán aprovechar esta oportunidad por igual. Solo lo harán aquellos que logren adaptarse a estas exigencias. En este sentido, las políticas de ciencia, tecnología e innovación impulsadas por la presidenta Sheinbaum pueden ayudar a que México esté mejor preparado.
Además, la relación con Europa no es solo económica. También le da a México más margen de acción en el escenario internacional. En un mundo con tensiones comerciales y cambios en las cadenas de suministro, diversificar alianzas es una necesidad, no una opción.
Al fortalecer sus vínculos con Europa, México manda un mensaje claro: no depende únicamente de su relación con Estados Unidos. Busca una posición más equilibrada y autónoma en la economía global.
Esto no significa dejar de lado a Norteamérica. Esa relación seguirá siendo fundamental. Pero ya no es suficiente por sí sola para asegurar el desarrollo del país a largo plazo.
El verdadero desafío es combinar ambas estrategias: mantener la integración con Norteamérica y, al mismo tiempo, abrirse a otros mercados como el europeo.
La cumbre con la Unión Europea no es solo un evento diplomático. Es una oportunidad para que México deje atrás la idea de depender de una sola región y avance hacia una visión más amplia y ambiciosa.
México no tiene que elegir entre Norteamérica o Europa. Su reto es aprovechar ambos al mismo tiempo.
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