Libros de ayer y hoy
Los antiguos románticos, nunca imaginaron que abril, el mes que les evocaba los más bellos poemas, es ahora un mes de guerra, de muerte, de destrucción. El tiempo, es cierto, suele ser para todos y es bueno que en aquellos pueblos que están lejos de esa guerra, vivan su tranquilidad, sin dejar de lado el apoyo que debe de darse a las víctimas de aquellas agresiones. Y mientras el bello mes primaveral oscurece su presencia con esa guerra que va a la alza pese a negociaciones, la historia nos presenta un panorama de luces y sombras, que afecta el sueño de amor, que cobija el cuarto mes del calendario. Cantaba sorprendido Sabina, el español:
¿Quién me ha robado el mes de abril?
¡Cómo pudo sucederme a mí!
¿Quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en un rincón,
donde guardo el corazón.
ABRIL HA SIDO, COMO TODOS LOS MESES FINALMENTE, UN MES DE DOBLE ROSTRO
La felicidad no la ofrece el tiempo. Somos nosotros los que le creamos las virtudes y este mes al que los poetas y los músicos invocan, tiene dos rostros por desgracia. En abril murieron William Shakespeare, Miguel de Cervantes, Lord Byron, César Vallejo, Gabriel García Márquez, Albert Eistein y fueron asesinados Emiliano Zapata, Abraham Lincoln y Martin Luther King. Se fueron también, los mexicanos Sergio Pitol, Mario Moreno Cantinflas, Pedro Infante, María Félix y Javier Solis. Y el gran Séneca escogió este mes para despedirse del mundo. ¡Ah, pero nacieron Rafael de Sanzio, Leonardo da Vinci, Nikolái Gogol, Emile Zola, Charlie Chaplin, Leona Vicario a quien México dedicó un año, que compartió con Beethoven, y muchos mas. Federico García Lorca desbordaba en abril, sus recuerdos y sus amores:
En abril de mi infancia yo cantaba
niños buenos del prado.
El ella del romance me sumía
en ensoñares claros.
¿Quien será la que corta los claveles
y los lirios de mayo?
¿Y por qué la verán solo los niños
en lomo de pegaso?
EN ABRIL SE FUE NATURA OLIVÉ Y DEJÓ EL RECUERDO DE LOS NIÑOS DE MORELIA
Es importante recordar a Natura Olivé desaparecida el once de abril de 2016, hace diez años. La abordamos periódicamente por la importancia que tuvo como historiadora y autora te tres libritos fundamentales. Escritora natural, nacida en Montblanc en 1930, desplegó su talento en los últimos años de su vida en libros como Mujeres comunistas en México, En los años treinta (Ediciones Quinto sol), Asalto a la casa de Trostky, Memoria, sueño y realidad (Ediciones de Educación y Cultura ) , y Aquellos niños de Morelia.( Edición de autor 2013). Estaba apoyada por una sólida formación académica: historiadora, maestra de etnohistoria, experta en estudios sobre Asia y África por el Colegio de México, entre otros.
LA MAESTRA OLIVÉ PUSO ÉNFASIS EN LOS PROBLEMAS DE LAS MUJERES
Sus libros abordan el tema de las mujeres desde el rescate de su presencia en núcleos en las que aparecen como seres secundarios. Lo hace cuando menciona a las mujeres comunistas, a las que ella perteneció y a las mujeres que en mala hora, fueron inducidas en el caso Trotsky en el asalto a su casa el 2 de mayo de 1940. Entrevistó a una ellas. Su libro Aquellos niños de Morelia, es una singular forma de presentar una obra, con solo cuatro pequeños escritos y más de 80 páginas de fotografías de esos niños, su adolescencia en algunos casos su adultez. Hace una historia breve de cada enfoque y luego despliega todas esas páginas de recuerdos de bellos niños y hermosas jóvenes que después crecieron la gran mayoría en este país, hicieron sus vidas y muchos murieron relativamente jóvenes, signados como ella lo dice, por el gran drama que acortó su vida: la guerra fratricida que encabezó el dictador Francisco Franco y que los expulsó de su terruño. Fue precisamente en abril, el primero de ese mes de 1939, que Franco el hombre que causó tantas muertes y desgracias, pronunció la frase final de aquella conflagración: La guerra ha terminado. Lorca, español como Natura, asesinado por Franco, se quejaba en un mes de abril, por un amor que le rompía el corazón:
Yo decía en las noches la tristeza,
de mi amor ignorado
y la luna lunera ¡Que sonrisa
ponía entre sus labios!




