Educación, raíz del bienestar y compromiso del Estado: beca Rita Cetina
Varias veces se ha mencionado la palabra infierno en esta guerra, que ya tiene varias semanas y tiende a expandirse. Y ese infierno ha sido no como término que cobije en este caso amenazas religiosas, sino simple y llanamente la agresión con sus resultados tan terribles como lo hemos visto en Palestina y lo que quiere ampliar Donald Trump en Irán y sus aliados. El infierno como sanción extrema en un suceso que se torna no solo como el mencionado de Trump, ya está instalado en muchos países que tienen grandes problemas. Infierno que sufren los migrantes: más de 5 mil encarcelados en pésima situación por Trump, niños enviados solos a sus países, infierno en el interior de los países con gobiernos que apoyan a Trump, como sucede en Argentina, Ecuador, El Salvador y otros, que aplican todo tipo de situaciones que enturbian la realidad de sus vidas. Pero la amenaza a Irán, al que Trump pretende enviar a un infierno, da una idea mayor de agresión y muerte que rebasa los ya instalados infiernos en el mundo. Se rebelaba aquel antiguo poeta anónimo contra su propio dios:
No me mueve, mi Dios, para quererte,
el cielo que me tienes prometido.
Ni me mueve el infierno tan temido,
para dejar, por eso, de ofenderte
El infierno es una palabreja que se usa como determinación final de la separación de un dios. Así lo usa la Iglesia católica. Para Dante en La Divina Comedia, desde la perspectiva de la IA, “es un inmenso embudo cónico que desciende hasta el centro de la Tierra, dividido en nueve círculos concéntricos, donde se castigan los pecados específicos según la gravedad, desde los más sencillos, hasta los más severos. “La pena se ajusta al pecado” y entre más abajo se cae, más duro es el castigo. Para el diccionario, la definición es breve y contundente: lugar de castigo eterno. Tormento o castigo. Pero el poeta explicaba a su dios:
Tu me mueves, Señor, muéveme al verte,
clavado en una cruz y encarnecido
muéveme al ver tu cuerpo tan herido
muéveme tus afrentas y tu muerte
EL PAPA FRANCISCO CRITICÓ LA PALABRA INFIERNO, PERO NO PUDO ELIMINARLA
En determinado momento de su gestión, el argentino Jorge Mario Bergoglio, llamado Papa Francisco, habló de eliminar el infierno, entre las posturas de su iglesia. Como persona culta, veía en ese castigo refrendado por siglos en su creencia, como algo absurdo. Pero así como no pudo fijar en más de doce años de papado, una determinación lógica y humana del caso gay y el aborto, no pudo hacer nada si acaso lo intentó, en el tema del infierno. Pero analistas de esa religión y críticos, han sostenido por siglos que el infierno es un concepto sin el cual esa iglesia no se sostendría. Para ofrecer un beneficio, si no se cumple, tiene que haber el debido castigo. Es una forma de aplicar las propias leyes: tienes libertad como recompensa y prisión como castigo.
EL TÉRMINO INFIERNO ES PRESIÓN ECLESIAL, SEGÚN ANTIGUOS AUTORES
El poema que nos ocupa y que hemos mencionado en otras ocasiones cuando sale a relucir el mentado infierno. Es muy controvertido y nunca se ha podido fijar quién fue su verdadero autor. Es un poema escrito, según se señala, a fines del siglo XVI y publicado por primera vez en 1628. Muchos presuntos religiosos han sido señalados como posibles autores. Entre ellos, Santa Teresa de Ávila, Juan también de Ávila y hasta el mexicano Miguel de Guevara. Otros, para no errar, se lo aplican al gran Lope de Vega. El marco del poeta que lo escribió es el infierno, que es el miedo que infringe la iglesia mencionada. Miedo que al parecer no intimida para nada a Irán, cuando las amenazas de Trump vuelven a repetir el infierno en el que se verá, según el gringo, el antiguo imperio persa. Amenaza que Trump pretende cumplir, mientras sigue violando la insistente prohibición del No matarás. El poeta creyente del siglo XVI, se aferra a una fe ante el infierno, que muchos ciudadanos en el mundo quisieran tener ante su dios:
No me tienes que dar porque te quiera
Porque aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero, te quisiera.




