Las batallas
La figura que no muere: plurinominales y el fracaso de tres presidentes
Pese a los intentos de los últimos tres Presidentes de México, la figura de legislador plurinominal se ha negado a morir. Hoy, con la oposición de sus aliados del Verde y del PT en el movimiento de la 4T, la presidenta Claudia Sheimbaum enfrenta esta batalla en busca de terminar con una elite de partidos que se ha perpetuado en el Congreso de la Unión.
Pero la Presidenta se enfrenta a la tiranía de las minorías, aquellas que con sus votos lograron la aprobación de reformas constitucionales que han modificado el entramado jurídico del país y con ello sentado las bases para acelerara el cambio de régimen retratado en la construcción de lo que el oficialismo llama “el segundo piso de la Cuarta Transformación”.
A ver. En México hay 500 diputados y 128 senadores. De los diputados 300 son electos por mayoría de votos en las urnas y 200 mediante una fórmula que asigna cada curul con base en el numero de votos que obtuvo cada partido respecto a la votación total en cada circunscripción. Para ello las dirigencias de partido entrega una lista por circunscripción.
En 1963 con los diputados de partido y luego en 1977, con la reforma de Jesús Reyes Heroles -que buscaba sacar de la clandestinidad a los grupos que empujaban por la vía armada un cambio de régimen- se crearon los primero 100 diputados plurinominales; en 1986 los otros 100 plurinominales y en 1993 fueron creados los 32 senadores plurinominales.
En el caso de los 128 senadores. Los candidatos se presentan a las urnas en fórmula de dos integrantes. Son electos por votación 64 (que son los integrantes de la fórmula ganadora por cada entidad federativa), de las fórmulas que quedan en segundo lugar se elige al número uno de cada una para sumar 32 más y los 32 restantes se asignan a partir de la votación total de cada partido versus número de población. Para estos hay una lista entregada por las cupulas.
Así de simple: tanto en el caso de diputados federales como de senadores, así como en los Congresos locales, la asignación de los plurinominales la deciden las cúpulas de cada partido. Por eso siempre vemos a los mismos políticos de siempre en el Congreso y a personajes con alta pluralidad que son reclutados por las cúpulas.
Con eso quiere terminar Sheinbaum. Sus antecesores -Felipe Calderón Hinojsa, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador- también quisieron ajustar el tema y fracasaron.
El presidente Calderón envió una iniciativa al Congreso de la Unión en la que propuso 9 cambios constitucionales. En lo que se refiere a la integración del Congreso sugirió que 240 diputados fueran de mayoría y 160 plurinominales. Y proponía la desaparecieran los 32 senadores de representación proporcional. La iniciativa no prosperó.
En 2014, el presidente Peña Nieto, a través de la dirigencia nacional del PRI, presentó una iniciativa para llamar a consulta popular a fin de preguntar a la población si estaba de acuerdo en que se eliminen 100 de las 200 diputaciones federales plurinominales y 32 senadurías plurinominales. La propuesta fue frenada por la Corte.
El presidente López Obrador propuso eliminar los 200 diputados federales, 32 senadores de primera minoría y 32 plurinominales y 459 diputados locales plurinominales, incluso reducir número de regidores y sindicaturas… se especuló sobre que todos los cargos se eligieran por listas a partir de votación nacional. Al final el llamado Plan A, fracasó.
En realidad, para los tres, la principal resistencia vino desde las cúpulas partidistas.
Hoy, sin que aún haya una iniciativa final de la 4T sobre la mesa hay una resistencia ensordecedora al interior del movimiento lopezobradorista que viene desde los aliados de Morena: el PT y el Partido Verde, claro, también desde la oposición
Todos buscan sobrevivencia, uno por los privilegios que han cosechado al colgarse electoralmente de AMLO y Morena y los otros -argumentan- para evitar el retroceso del país a tiempos de un partido hegemónico de Estado y con ello su marginación política y aniquilación electoral. El debate apenas comienza.
RADAR
UN INE DE PLEITOS. Y mientras hay un intenso debate que tocará el avance de la transición democrática de México, el Instituto Nacional Electoral (INE) vive, pese al cambio de régimen, un infierno interno que recicla en los nuevos las disputadas, pleitos y golpes bajos que vivieron los consejeros y consejeras del pasado.
Mientras las áreas operativas del Instituto mantienen un funcionamiento armónico y con normalidad, aun bajo un nuevo marco institucional, persisten actores empeñados en entorpecer sus funciones.
Desde el Consejo General del INE nos comentan que las consejeras Rita Bell López Vence, Carla Humphrey y Dania Ravel han asumido reiteradamente una postura de confrontación que ha magnificado diferencias internas y llevado a la exposición pública de asuntos que corresponden estrictamente a la vida interna de la institución.
Hay constantes filtraciones a la prensa sobre temas que competen exclusivamente al ámbito interno del órgano electoral y que terminan por afectar a las áreas directivas del Instituto. En varios de estos episodios se identifica la influencia de la oficina de la consejera Humphrey para endurecer este golpeteo interno.
Nos narran que en el caso de la consejera Ravel, ante la cercanía del término de su encargo, ha dedicado los últimos meses a explorar nuevas posiciones políticas, buscando respaldos en círculos priistas de Coahuila. El hecho de que una consejera electoral busque apoyos partidistas no hace sino incrementar la suspicacia interna.
El episodio más reciente que ha levantado cejas en el Consejo General ocurrió este fin de semana, cuando la consejera Rita Bell López Vence se presentó en su estado natal Oaxaca, en el contexto del proceso de revocación de mandato, generando ruido innecesario al ostentarse como enviada del INE cuando en realidad su presencia no obedecía a ninguna encomienda institucional sino a una decisión personal, me dicen.
Estos comportamientos -de acuerdo con funcionarios electorales consultados- reflejan actos de resistencia frente a la pérdida de control y de capacidad de decisión que antes ejercían otros actores hoy ausentes, pero que continúan operando indirectamente a través de estas consejeras.
El principal afectado es el propio INE, que enfrenta un desgaste evitable en su imagen pública, justo en un momento en el que la democracia mexicana requiere instituciones sólidas, responsables y enfocadas en cumplir su función constitucional, no en alimentar disputas internas.
- Un saludo para mis amigos de Quadratín.


