Itinerario político
¿Por qué está enojada la señora presidenta?
Primero lo primero.
Está claro que, de nueva cuenta, desde Palacio domesticaron a todos o casi todos los llamados “medios nacionales”.
Y es que ninguno de los “diarios nacionales” y menos los noticieros de radio, televisión y las plataformas digitales, se atrevieron a publicar en sus portadas y sus resúmenes periodísticos, el enojo de “la señora presidenta”.
Un enojo que --las redes sociales--, se convirtió en tendencia la tarde del pasado sábado 31 de enero del 2026, luego que “la presidenta” recibió una severa reprimenda de ciudadanos de San Quintín, Baja California, quienes a gritos exhibieron el fracaso de la mal llamada “4-T”.
Sí, enojo de Palacio que, a manera de respuesta, mostró a una iracunda Claudia Sheinbaum –que la exhibió como ha sido siempre en sus encuentros políticos privados--, justo en momento en que furiosa lanza un abierto reclamo a diputados locales y presidentes municipales de Baja California, a quienes les exige dejar la comodidad de sus oficinas “para estar cerca de la gente”.
Sí, de risa loca.
Y es que, en los hechos, se trató de un reclamo presidencial propio de una dictadora –una figura autoritaria--, que olvida, ignora o de plano se burla de la existencia de los tres órdenes de gobierno –municipal, estatal y federal--, consagrados en la Constitución.
Sí, una dictadora que le confirma a los ciudadanos y al mundo, que en México tiene el control absoluto de los Tres Poderes de la Unión.
Y es que, si la señora Sheinbaum fuera una verdadera demócrata, ante el reclamo generalizado de los habitantes de San Quintín, en Baja California, debió explicar --a los ciudadanos que la apabullaron con sus reclamos--, que ella nada tiene que ver con los poderes estatales y menos municipales.
¿Y por qué según la Constitución, existe independencia entre los poderes estales y municipales?
Y por eso, porque la Constitución establecer que en México el poder se desempeña, de manera independiente, en los municipios, los estados y en la federación, cada uno de esos poderes es independiente.
Sí, “la presidenta” debió decirles a los habitantes de San Quintín, que el poder federal no puede interferir con las decisiones de los poderes municipales y tampoco en los estados.
En cambio, la presidenta hizo público su desdén por La Carta Magna y confirmó su gusto por violar el máximo ordenamiento federal.
Sí, en los hechos no le importaron los Tres Órdenes de Gobierno, consagrados por la Constitución y, en cambio, les prometió a los habitantes de San Quintín que enviará “un personero” del gobierno federal para atender todas las exigencias que le plantearon por los malos gobiernos municipales y estatal, lo que significa una violación a la Carta Magna.
¿Pero qué creen que significa lo anterior?
Sí, que la presidenta confirmó que el suyo es un gobierno que ignora toda concepción democrática y que está más cerca de una dictadora.
¿Y por qué una dictadura?
Porque les prometió a los habitantes del municipio de San Quintín, en Baja California, que ella enviaría a un “mandón” desde Palacio, para que desde el poder Ejecutivo se violen los derechos y obligaciones de los gobiernos municipales y del gobierno estatal.
Peor aún, una iracunda presidenta regañó a los diputados locales y a los alcaldes de Baja California, frente al reclamo social generalizado.
Y por eso volvemos a preguntar.
¿De verdad, la señora presidenta apenas se entera del enojo social a causa de los malos gobiernos municipales y estales de Morena?
¿De verdad, el enojo social sólo existe en el municipio de San Quintín, en Baja California?
¿De verdad, la señora presidenta no se ha enterado que el reclamo de los habitantes de San Quintín, es el mismo reclamo de millones de mexicanos en todos los rincones del país?
¿No sabe la presidenta que el reclamo de los habitantes de San Quintín, es el mismo de todos los municipios y los estados del país?
Pero hay más.
También es una vergüenza que la llamada “prensa nacional” y casi todos los medios del país se presten a los afanes dictatoriales de Palacio.
Por eso terminamos con la pregunta de rigor: ¿Hasta cuándo despertarán los ciudadanos?
Al tiempo.


