El PT y el precio de la lealtad
Desde su creación en 1990 el Partido del Trabajo ha mantenido en una votación nacional mediocre -que en su esplendor ha alcanzado el 5.86 por ciento-, pero su alianza con Andrés Manuel López Obrador lo ha convertido en un jugador estratégico en favor del oficialismo, que ha tenido recursos multimillonarios y acceso a las más altas esferas del poder en México.
El PT no es hoy un partido grande en votos… es grande en la capacidad de veto, un veto de facto legislativo incluso contra sus propios aliados para defender el modelo que hoy lo ha empoderado.
Anoche, mientras se decidía en Palacio Nacional retrasar el envío al Congreso de la Unión de la iniciativa de reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, liderazgos del morenismo nacional me decían en corto que pese a la presión que le han metido al PT, la posibilidad de un cambio al marco electoral comienza a extinguirse.
Durante el sexenio de López Obrador, el PT acompañó disciplinadamente el entramado jurídico que dio forma a la llamada Cuarta Transformación. Votó reformas estructurales, respaldó presupuestos, sostuvo la narrativa del cambio de régimen. Incluso cuando pudo meter en aprietos la agenda legislativa, cerró filas. Pero ahora la historia es distinta.
Con ese poder estratégico que le dio el propio AMLO, el PT -eternamente dirigido por el profesor Alberto Anaya- tiene contra las cuerdas el proyecto que pudiera garantizar la continuidad del lopezobradorismo por una generación más.
Morena ya comenzó una operación política de emergencia para intentar convencer—uno por uno— a los legisladores petistas. La estrategia, me aseguran, será presionar por todos los medios a cada legislador petista, a sus aliados. Pero en el Congreso la lealtad tiene límites cuando se tocan intereses estructurales, al menos para el PT.
Aun así, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado de la República ven difícil lograr los votos que garanticen la aprobación de la reforma electoral que, entre otras cosas, quitaría 25% de financiamiento a los partidos políticos, al Congreso de la Unió y a los congresos estatales.
Además, la reformas de la Presidenta disminuiría el acceso de las fuerzas políticas a espacios en radio y televisión, obligaría todos los que quieran ser diputados y senadores a buscar el voto y mataría la posibilidad de que los dirigentes históricos, como los del PT, tengan un lugar garantizado en alguna de las cámaras del Congreso de la Unión.
Para un partido cuya sobrevivencia ha dependido de reglas que favorecen la representación proporcional y el financiamiento público garantizado, la reforma no es técnica: es existencial. El partido del Trabajo ha dejado claro que tiene poder y lo usará en su favor. Aquí no habrá docilidad… a menos de que en las próximas horas haya algo que doble a la cúpula petista.
Esa posición estratégica que le otorgó AMLO, le ha permitido, aún y con su pobre desempeño en la contienda electoral nacional, tener un financiamiento entre 2014 y 2026 por 4 mil 889 millones 818 mil 411 pesos -de acuerdo con el registro histórico del INE- y a posiciones de poder que van desde regidurías y presidencias municipales hasta diputaciones locales y federales, senadurías, gubernaturas y la Presidencia del Senado de la República.
La votación nacional del PT fue de 4.84% en la elección presidencial de 2012, en 2015 -los comicios intermedios del sexenio de Enrique Peña Nieto- 3.11% (que tuvo que r a tribunales para no perder el registro), en 2018 -cuando Andrés Manuel López Obrador gana la Presidencia de la República- fue de 4.37%, para 2021 -en las intermedias de AMLO- se redujo a 3.64, y en la última elección presidencial, obtuvo 5.86%.
Pero su financiamiento millonario no ha parado, sólo para 2026, el Instituto Nacional Electoral le autorizó 670 millones 613 mil 764 millones de pesos, lo que le da una ministración mensual de 55 millones 884 mil pesos, nada mal para un desempeño en la competencia electoral, por sí solo, tan pobre.
Y si lo vemos por año, el PT ha tenido ingresos que han ido creciendo gracias a los ajustes que ha realizado el INE con base en la legislación electoral vigente. Nada despreciables fueron los 292 millones 375 mil pesos que recibió en 2014 y menos los 236 millones 844 mil pesos para gastos ordinarios y 118 millones 422 mil pesos para gastos de campaña en 2018.
El propio PT reconoce en su sitio web que hoy gobierna de la mano de Morena más de a mitad de los estados del país y que tiene las bancadas más numerosas de su historia en el Congreso de la Unión y con su pronunciamiento del domingo ha dejado claro que no renunciará, al menos hasta el cierre de esta columna, al poder que el propio AMLO le dio.
RADAR
DEFENSA DEL PERIODISMO. Este fin de semana se llevó a cabo el relevo de la dirigencia del Foro Nacional de Periodistas “Capítulo Oaxaca”. El periodista Humberto Cruz tomó la estafeta de manos del experimentado periodista Luis Ramírez quien empujó durante su gestión la profesionalización del gremio periodístico oaxaqueño con el apoyo de la Universidad Autónoma Benito Juárez y la Universidad Autónoma de Chihuahua.
En el encuentro de periodistas de diversas regiones del país, se dejó claro que el periodismo no se repliega ante el poder y que mientras haya ética, preparación y compromiso con la sociedad habrá contrapeso democrático desde la ciudadanía… aunque no le guste al poder. ¡Bravo!
Un abrazo para mis amigos de Quadratín


