Descomplicado
ONU: Entre el colapso y la sucesión
La ONU está colapsada por dos crisis: el debilitamiento de su influencia mundial y, consecuentemente, por sus débiles finanzas, que le dan vida hasta julio próximo, así lo vaticinó Antonio Guterres, su secretario general.
El líder máximo de la Organización de las Naciones Unidas dijo que la institución se encuentra en una situación de colapso financiero inminente y que no sobrevivirá a mediados de año. Explicó que la suspensión de aportaciones económicas de Estados Unidos, México y Venezuela agravó su estabilidad financiera.
El panorama no mejorará, por lo menos con Estados Unidos, porque en enero del presente año el presidente Donald Trump anunció la retirada del país de 66 organizaciones internacionales, incluyendo 31 entidades de la ONU, al alegar que no servían a los intereses, la seguridad o la soberanía estadounidense.
La medida incluye la salida de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático, ONU Mujeres, el Fondo de Población y la UNESCO.
Llama la atención que Guterres responsabilice a esos tres países del colapso financiero, cuando la ONU cuenta actualmente con 193 Estados miembros y dos Estados observadores no miembros: la Santa Sede y el Estado de Palestina.
Más allá de echar culpas, la ONU viene en una espiral de caída libre por el debilitamiento de su influencia política como árbitro de intereses-nación que la rebasan y la asfixian.
Pese a que Antonio Guterres ofreció, en 2017, cuando asumió el cargo, trabajar por la paz y por el desarrollo sostenible, ninguno de los dos objetivos se ha podido cumplir, porque enfrenta el cambio del nuevo orden mundial, donde las potencias hacen a un lado a organismos que fungían como árbitros, pero que dependen financieramente de ellas, para intentar dividirse el mundo a placer, bajo la ley del más fuerte.
Este año la ONU —si sobrevive— renovará a su próxima o próximo secretario general. Antonio Guterres termina su mandato el 31 de diciembre de 2026 y, por el entorno sociopolítico internacional, quien resulte electo enfrentará uno de los retos más desafiantes de la institución desde su conformación en 1945, al término de la Segunda Guerra Mundial.
En una carta enviada a los 193 Estados miembros de la ONU, el presidente rotatorio del Consejo de Seguridad, el sierraleonés Michael Imran Janu, pidió que consideren de forma seria la nominación de mujeres como candidatas al puesto de secretaria general, la importancia de la diversidad regional, la transparencia en las campañas, la divulgación de información y las disposiciones sobre la retirada de candidaturas.
En ese tenor, entre los nombres que suenan con más fuerza están Michelle Bachelet, expresidenta de Chile, y el argentino Rafael Grossi, actual director del Organismo Internacional de la Energía Atómica.
A la lista se suman Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica; María Fernández Espinosa, de Ecuador; Mia Mottley, primera ministra de Barbados; Alicia Bárcena, quien fue durante casi 14 años secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y actualmente es secretaria del Medio Ambiente y Recursos Naturales de México; y Jacinda Ardern, ex primera ministra de Nueva Zelanda.
¿Será que el liderazgo de la ONU, en un momento de inflexión en la historia de la humanidad, recaiga en una mujer que conoce bien la realidad de Chile y de México?


