Descomplicado
Venezuela: el preludio
La expresión más genuina que he visto sobre la caída de Nicolás Maduro fue la de una joven venezolana que dijo en un podcast —con más claridad que decenas de analistas—: Perdónenme si por un momento me alegro y no pienso en la soberanía de la región, como tampoco la región en esos momentos pensó en la soberanía de mi país.
Dijo, después de reconocer que le dio gusto que militares de Estados Unidos capturaran al presidente venezolano, a quien calificó de dictador y asesino.
Remató con un contundente: 16 países (de 35) se abstuvieron de votar en la OEA para intervenir en el llamado de auxilio del pueblo de Venezuela, que denunció fraude en la última elección presidencial.
Esos mismos países que no votaron ahora se rasgan las vestiduras porque Estados Unidos violó el derecho internacional, el principio de soberanía y sienta un peligroso precedente para la región.
Nadie que no haya vivido de local 25 años del chavismo tiene la calidad moral para explicar Venezuela a los venezolanos.
En datos de Naciones Unidas, en un cuarto de siglo, 7.7 millones de mujeres y hombres venezolanos huyeron de su país por el régimen de terror, con ejecuciones extrajudiciales, encarcelamientos masivos y persecución política.
Años de violaciones sistemáticas de Derechos Humanos fueron documentadas por la ONU, Human Rights Watch y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con mínimos resultados.
Al margen de que, durante el chavismo, se desarticularon los mecanismos de democracia y se violaron miles de veces los Derechos Humanos, el panorama para la región es más grave de lo que parece.
Venezuela es el preludio, el ensayo de Estados Unidos para revivir la Doctrina Monroe: América para los americanos, que algunos analistas ya llaman Doctrina Don-roe, por la insistencia del presidente Donald Trump de implementarla de forma pragmática para reafirmar la supremacía estadounidense en el hemisferio occidental, así como contener la influencia de potencias rivales como China y Rusia, y asegurar el control sobre recursos y puntos estratégicos, no tanto contra viejas potencias europeas, sino como una advertencia a competidores no regionales.
El pretexto que justifica sus acciones es proteger los intereses de Estados Unidos y sus aliados, interpretando amenazas externas como una agresión directa a su seguridad nacional, como se ha visto en el caso de Venezuela o la insistencia de que militares estadounidenses ingresen a territorio mexicano para combatir al narcotráfico.
Para los gobiernos de México, Canadá y Dinamarca (por Groenlandia), hay razones de peso para estar preocupados por las intenciones del presidente de Estados Unidos.
Por lo pronto, fuerza al pueblo hermano de Venezuela.


