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Entre surrealismo y protestas
México es el país más surrealista del mundo, expresó el padre del movimiento surrealista André Breton durante su visita a México en 1938. Pero la frase completa es más profunda aún: No intentes entender a México desde la razón; tendrás más suerte desde lo absurdo. México es el país más surrealista del mundo y Salvador Dalí lo secundó al declarar que no volvería al país (México), porque no soportaba estar en un lugar más surrealista que sus pinturas.
La historia de cómo México trajo a casa el segundo Mundial de fútbol en 1986 y, antes, en 1968, cómo rompió paradigmas tecnológicos, deportivos y sociales, al ser los primeros celebrados en América Latina y en un país hispanohablante, merece un apartado especial; sin embargo, estas justas deportivas o de fútbol, que son de interés mundial, también atraen reflectores que se han utilizado para visibilizar movimientos sociales, protestas antirracismo o para exigir un alto a conflictos armados entre naciones.
La realidad es que los Mundiales de fútbol y los Juegos Olímpicos han sido escenarios históricos de manifestaciones. Aunque los atletas han alzado la voz por sus derechos, los torneos también han provocado protestas masivas de la sociedad civil debido al impacto social y económico de estos magnos eventos.
En 1968, el presidente Gustavo Díaz Ordaz inauguró los Juegos Olímpicos en el Estadio Olímpico Universitario, diez días después de la matanza estudiantil del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, mientras el país aún atravesaba una fuerte tensión política y social debido a la represión. En esa misma justa deportiva, durante la ceremonia de premiación de los 200 metros planos, atletas que ganaron medalla subieron al podio con las manos cubiertas con un guante negro y con los pies descalzos, como protesta a la prohibición que tenían los negros de usar zapatos en las plantaciones de algodón de Estados Unidos.
Otros ejemplos notables incluyen los boicots masivos liderados por Estados Unidos en los Juegos de Moscú 1980, en protesta por la invasión soviética de Afganistán, y la respuesta del bloque soviético cuatro años después en Los Ángeles 1984.
Durante el Mundial de Qatar 2022, en la foto oficial de la selección de Alemania, los jugadores se taparon la boca para protestar contra la prohibición de portar el brazalete OneLove, en apoyo a la inclusión y los derechos humanos.
Este año, el arranque del torneo mundialista en Ciudad de México coincidió con movilizaciones lideradas por el sindicato de maestros de la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación) y colectivos de familiares de desaparecidos.
Los manifestantes denunciaron el gasto gubernamental destinado a la justa deportiva por encima de las necesidades sociales básicas, llegando a derribar estatuas alusivas al Mundial en Paseo de la Reforma.
En este contexto se vive el Mundial 2026 con México formando parte del Tridente de anfitriones. En 1968, la represión a estudiantes fue brutal; en datos no oficiales se estima que murieron más de 400 personas. Ahora, en el marco del encuentro mundial de fútbol, las agrupaciones de personas desaparecidas volvieron a recordar la deuda histórica del Estado mexicano, con más de 130 mil personas desaparecidas.
Retomando a André Breton, no intentemos entender a México desde la razón, sino desde el absurdo, pero también desde el dolor y la frustración que sienten miles de madres, padres, hermanos o hijas de personas desaparecidas, con empatía y reconociendo que queda mucho trabajo para recuperar la paz en este país.




