México se fortalece en materia económica
Cuando ya se cuenta en horas y minutos el momento para que México realice su tercera inauguración de una Copa del Mundo de Futbol, hay todavía mucho qué decir y quedan demasiados pendientes para que seamos los dignos anfitriones que fuimos en 1970 y 1986, cuando futbolísticamente se alcanzaron los cuartos de final.
Porque si de algo podemos ufanarnos de los dos Mundiales anteriores en nuestro territorio, es de la excelente imagen que la afición local proyectó a todos los rincones del globo terráqueo, como anfitriones de excepción, muy por encima de la endeble actuación de nuestro representativo nacional, que pese a los jilgueros de los dueños de la pelota, nunca ha estado realmente a la altura del torneo.
Historia y figuras, claro que las hay a nivel doméstico, y merecen todo nuestro respeto. La lista es larga, con un Antonio Carbajal, primer Cinco Copas reconocido por FIFA, don Horacio Casarín, Chava Reyes, el Halcón Gustavo Peña, Enrique Borja, Hugo Sánchez, Jared Borguetti, el Chicharito Hernández, Manuel Negrete, Carlos Vela, el Matador Luis Hernández, Oribe Peralta, Benjamín Galindo, Gerardo Torrado, Pavel Pardo, Rafa Márquez, Zague, Carlos Hermosillo, Cuauhtemoc Blanco y los que usted guste y mande.
Y ni que decir del grueso de nuestros arqueros como Ignacio el Cuate Calderón, El Conejo Pérez, José de Jesús Corona, Pablo Larios Iwazaki, Oswaldo Sánchez, Jorge Campos, y los actuales, Raúl el Tala Rangel, Carlos Acevedo y el inefable Memo Ochoa, que pasará a los libros de la Federación como un arquero seis Copas.
En su momento, cada uno de ellos contribuyó a las conquistas de las mayores glorias de nuestro futbol como la Copa Confederaciones de 1999, o el oro olímpico en 2012 y un par de campeonatos sub 17, pero nada más.
Todo lo hasta ahora descrito forma el lado amable y lucidor de lo que han sido nuestras selecciones representativas en la máxima justa mundialista, como quien dice, simplemente lo que ha habido y la actual como, lo que hay. Lo más triste es que como todos sabemos, no están todos los que son, ni son todos los que están.
El cáncer no se erradica con una pastillita y para quienes no somos de memoria corta, resulta insultante que después del rotundo fracaso de Qatar 2022, cuando en la FMF se rasgaban las vestiduras para anunciar cambios drásticos al interior del conjunto nacional, nos la volvieron a aplicar con una serie de movimientos y reglamentos simples sobre papel, con el único fin de que todo cambiara para seguir igual.
Ilusos quienes pensamos que en la Federación iban a soltar a la Gallina de los Huevos de Oro, pues su actual sistema de competencias, para empezar, garantiza estadios llenos con un público ávido de esperanza, de que tal vez algún día todo cambie para bien. Mientras tanto, a engordarles los bolsillos a los dueños de los equipos, quienes lo único que nunca hacen, es atender las peticiones del aficionado.
Cuesta trabajo y raya en la desesperación, el hecho de que en un país con más de 120 millones de habitantes, no se logre conjuntar una selección de 26 (26) sí 26 jugadores que salten a la cancha a entregar el corazón y no a cuidarse el físico porque si no se acaban los contratos millonarios. Esto -claro- no es privativo de nuestro país, pero aquí es parte de la sintomatología del cáncer que corroe nuestro balompié.
Si de verdad se quisiera trabajar a favor de nuestro futbol, se haría un barrido por todo el país con visores expertos, para detectar esos “garbanzos de a libra” que le hacen falta a nuestros equipos y distribuirlos equitativamente para que antes de aspirar a las grandes bolsas, demostraran todo lo aprendido en el llano.
Desafortunadamente este es un sueño guajiro del que varios de los grandes “promotores” se carcajean, pues su negocio precisamente está en mover a los cartuchos ligeramente quemados de otros países, que son recibidos en México con bombo y platillos. Es el juego de nunca acabar y siempre ganar.
Con toda esa mezquindad de nuestros directivos, es fácil de entender el tema de los naturalizados, quienes son los menos culpables de ser llamados a nuestra selección, a ocupar lugares que si los federativos tuvieran un poco de vergüenza, estarían reservados para jóvenes promesas de nivel casero. Pero eso nunca lo veremos.
Porque hay que entender que el futbol actual, antes de ser como dicen televisos y aztecos el deporte más bello del mundo, más que espectáculo es un NEGOCIO redondo de muchos ceros, que se encarga de distribuir la FIFA, que extiende sus tentáculos hasta donde la mente humana difícilmente alcanza a ver.
El único desorden más grande que las ideas aquí expresadas, es el que luce la ciudad de México, a escasos días del silbatazo Mundial… Calles destrozadas, crisis en la movilidad, paros, plantones y manifestaciones, que no pueden esconderse con pintura morada.
Mienten nuestras televisoras, al querernos vender un ambiente festivo inexistente, que alcanza su mayor expresión en el canje de estampitas del álbum Panini, a las puertas del Palacio de Bellas Artes. Ese ambiente que se respiró en 70 y 86 quedó impreso en la historia de quienes de alguna manera formamos parte de esas que sí fueron fiestas populares.
¿Y qué decir de las otras dos sedes? Mueve al llanto lo poco que les interesa a nuestros vecinos del norte y más allá este Mundial que registrará estadios llenos, gracias a las cortesías y obligatoriedades, alentadas con créditos escolares. En Canadá, dos estadios albergarán 13 partidos; once ciudades estadounidenses recibirán 78 juegos, muchos en terrenos emparrillados para futbol americano,
En México serán también 13 juegos que se repartirán entre el Azteca, Akron de Guadalajara y el BBVA de la Sultana del Norte.
Fuera de algunos empresarios visionarios (y optimistas) que han visto en el torneo una veta de posibilidades y ya preparan promociones especiales, es escaso el número de fervientes creyentes en que esta oportunidad mundialista traerá prosperidad económica a todos los niveles.
Y al decir a todos los niveles, nos referimos también a los comerciantes de artículos piratas, quienes sin la bendición de FIFA se han lanzado a la fabricación de todo género de artículos y recuerdos que darán testimonio del hasta ahora más desmesurado y ambicioso proyecto del organismo mundial que puede jactarse, y con razón, de estar por encima de la ONU, OEA, OTAN y quien pretenda salirle al paso.
Ojalá el soñado quinto partido de México se mantenga como una ilusión irrealizable, porque lograrlo alentaría sueños de opio, en un deporte del que, como macetas, del corredor no pasaremos.




