Advierten sobre peligro de corrientes de resaca en las costas de NY
MANHATTAN, Nueva York, EU, 22 de mayo de 2026.- El colectivo fronterizo de performance y literatura LA CLOACA llevó este viernes a Manhattan una intervención artística nacida entre las alcantarillas de Ciudad Juárez. El evento, realizado en el espacio Entre Culturas de New York University, reunió poesía, denuncia social, humor absurdo y participación comunitaria en una noche donde las voces de la frontera mexicana resonaron en el corazón de Nueva York.
“Queridos, querides, desafortunados”, comenzó una de las integrantes al abrir el performance frente al público universitario. “Somos las alimañas de la cloaca”, repitieron los artistas mientras explicaban que la palabra “cloaca” no solo remite a las alcantarillas, sino también a los conductos que conectan “lo subterráneo con la superficie”. En esa metáfora, el colectivo encuentra una manera de hablar sobre las realidades invisibilizadas de Ciudad Juárez y convertirlas en poesía performática.
La Cloaca Literaria surgió alrededor de 2018 y 2019 en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez como una respuesta a la literatura institucionalizada y a la necesidad urgente de hablar sobre la ciudad. El proyecto fue iniciado por estudiantes y posteriormente reactivado por integrantes del Laboratorio Cultural Fronterizo, entre ellos Ciela Ávila, Almendra Ochoa y Manuel Herrera. Desde entonces, el colectivo organiza lecturas y performances sobre alcantarillas reales de la ciudad, invitando a cualquier persona a compartir textos y experiencias.
Durante el encuentro en NYU, los integrantes explicaron que las cloacas funcionan como espacios abiertos donde las personas hablan de violencia de género, desapariciones, precariedad urbana y las contradicciones de una ciudad marcada tanto por la maquila como por la frontera. “Hay una urgencia de decir algo sobre la ciudad”, explicó Ciela Ávila, quien señaló que muchos de los textos compartidos surgen de experiencias cotidianas atravesadas por violencias estructurales.
Ávila describió a su generación como “hijas de la violencia”, al haber crecido durante los años más intensos de la guerra contra el narcotráfico en México. Según explicó, esa realidad ha impulsado a muchos jóvenes a crear arte y comunidad como una forma de resistencia emocional y política. “A veces no nos asumimos como artistas, pero creamos porque tenemos una urgencia de decir qué pasa y cómo quisiéramos que fuera el mundo”, afirmó.

El performance también incluyó referencias al absurdo político y a la censura artística en Ciudad Juárez. Uno de los actos recordó el caso reciente de un artista detenido tras realizar un mural satírico contra autoridades locales. Para Almendra Ochoa, integrante del colectivo, estos episodios evidencian “el cinismo y el absurdo absoluto” de una realidad donde, mientras persisten problemas graves de violencia y desigualdad, se criminaliza la expresión artística.
Lejos de construir una visión reducida de Juárez únicamente como una ciudad peligrosa, el colectivo insistió en mostrar la complejidad del territorio fronterizo. En sus intervenciones aparecieron imágenes contradictorias y profundamente locales: caballos caminando junto al muro fronterizo, calles que se inundan hasta volverse trampas urbanas y comunidades que sobreviven entre el miedo y el humor negro. “Juárez es un rancho industrial”, dijo Ávila, retomando una frase que mezcla ironía y crítica social.
La actividad en Entre Culturas también estuvo acompañada por una reflexión sobre el territorio que hoy ocupa Manhattan. Antes de iniciar formalmente el performance, los organizadores recordaron que la ciudad se encuentra sobre tierras originarias Lenape y señalaron la diversidad migrante que habita Nueva York. El evento contó con la colaboración de estudiantes del Departamento de Español y Portugués de NYU, así como de grupos académicos vinculados a estudios Latinx.

Al finalizar la presentación, el micrófono quedó abierto para que asistentes compartieran textos, reflexiones y experiencias personales, siguiendo la tradición de las cloacas realizadas en Ciudad Juárez. “Sin ustedes no está Cloaca”, dijeron los performers al convocar al público a participar. Así, la noche cerró con una idea que atravesó toda la presentación: convertir el arte en un espacio colectivo donde las memorias incómodas, las denuncias y las emociones puedan emerger desde las profundidades hacia la superficie.




