Emiten alerta por bacterias en 17 playas de NY tras lluvias
MANHATTAN, Nueva York, EU, 10 de julio de 2026.- El escritor, ensayista y curador mexicano Rafael Toriz llegó a Nueva York para participar en la cuarta edición del Festival del Libro y la Cultura Dominicana, un encuentro que, más allá de celebrar las letras de República Dominicana, abre un espacio de diálogo entre autores, editores y lectores de distintas comunidades latinoamericanas radicadas en Estados Unidos.
Toriz participará este domingo 12 de julio, a las 15 horas, en el coloquio Panorámica actual del libro independiente en México, junto con Laura Cárdenas y Emiliano Becerril. La conversación abordará las posibilidades y desafíos de la edición independiente frente al dominio de los grandes conglomerados editoriales y los centros culturales que suelen determinar qué libros circulan y cuáles permanecen fuera del alcance de los lectores.
Para el autor mexicano, su presencia en el festival también representa una oportunidad para pensar las conexiones históricas y culturales entre México, República Dominicana, Puerto Rico y el resto del Caribe. Toriz nació en Veracruz, territorio que define como probablemente el estado más caribeño de México, debido a su condición portuaria y a las rutas marítimas que durante siglos lo vincularon con Santo Domingo, San Juan, Maracaibo, Nueva Orleans y las Antillas.
“Me da una gran alegría, pero a la vez también me da una perspectiva de algo que me interesa mucho, que es toda la cuestión archipelágica que tiene que ver con el Caribe”, explicó.
Desde su mirada, las distintas sociedades caribeñas permanecen conectadas precisamente por aquello que parece separarlas: el agua, el mar y sus diferencias culturales.

Toriz encuentra una relación directa entre esa condición insular y la ciudad que acoge el festival. Manhattan es también una isla y Nueva York, como Veracruz, es una ciudad portuaria moldeada por la llegada constante de comunidades procedentes de diferentes lugares del mundo. En ese escenario, la diáspora dominicana y la puertorriqueña han desempeñado un papel central en la construcción de la identidad cultural neoyorquina.
“No se puede entender la historia de la segunda mitad del siglo XX, ni por qué Nueva York llegó a ser probablemente la capital de Occidente, sin la presencia caribeña, sin la presencia puntual de la cultura dominicana y sin la presencia puntual de la cultura boricua”, sostuvo.
El escritor considera que la contribución latinoamericana no debe entenderse únicamente desde la presencia demográfica, sino también desde el ritmo, la música, el lenguaje y las formas de habitar la ciudad. Para Toriz, las comunidades de las Antillas Mayores otorgaron a Nueva York parte de su sabor y su tesitura particular, convirtiéndola en un centro cultural cuya influencia se extiende alrededor del mundo.
Esa dimensión cosmopolita explica, a su juicio, la importancia de realizar en Nueva York un festival dedicado a la literatura y la cultura dominicanas. Aunque el encuentro parta de una identidad nacional concreta, su ubicación permite que escritores y lectores de diferentes procedencias encuentren puntos de contacto y construyan nuevas redes de circulación literaria.
Toriz llegó al festival después de participar durante abril en un ciclo de conferencias en Pensilvania. En instituciones como el Ateneo de Filadelfia y el Consulado General de México presentó reflexiones sobre las relaciones entre arte y magia, reunidas bajo el título Espejos de Obsidiana, además de abordar el paso del religioso y escritor fray Servando Teresa de Mier por Filadelfia.
La trayectoria del artista mexicano combina la escritura con la curaduría, la traducción, la gestión cultural y el servicio público. Ha sido director de Artes Visuales y ha formado parte de la Dirección General de Diplomacia Cultural de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México. También trabajó como asesor del Fondo de Cultura Económica en Argentina y actualmente se desempeña como enlace diplomático del Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa.
Durante su participación en Nueva York, Toriz también presenta Tundra, una antología de su obra ensayística preparada por el editor y poeta Sebastián Barriga González. El libro será publicado en México por Ediciones para Llevar, un sello artesanal que produce tirajes reducidos y que ha trabajado con autores latinoamericanos como Fabián Casas y Brenda Ríos.
La propuesta de Tundra consiste en desmontar fragmentos de los libros de ensayo de Toriz y reorganizarlos para que puedan ser leídos como prosas poéticas. No se trata de una recopilación cronológica, sino de una lectura guiada por las conexiones internas, las repeticiones, los juegos del lenguaje y la cadencia que atraviesa textos escritos en momentos distintos.

“Un editor muy joven deshuesó mis libros de ensayo y los propone leer en una nueva antología como prosas poéticas”, relató Toriz.
En su opinión, una operación de este tipo difícilmente habría sido posible dentro de un gran consorcio editorial, mientras que los sellos independientes permiten experimentar con mayor libertad y establecer relaciones más cercanas entre autores y lectores.
El escritor comparó el proceso de construcción de Tundra con desarticular un automóvil para observar sus piezas y descubrir que algunos componentes aparecen en lugares inesperados. Al revisar la selección, encontró párrafos y motivos que había utilizado en diferentes obras como pequeñas bromas internas y que el editor logró reconocer y relacionar.
“Me dio mucha alegría darme cuenta de que sí había gente prestando atención al juego que yo estaba poniendo en libros muy distintos”, señaló.
Esa lectura permitió confirmar dos elementos que considera esenciales en su trabajo: el manejo poético del lenguaje y la búsqueda de una cadencia capaz de comunicar libros aparentemente alejados entre sí.
Toriz reconoce que su escritura también ha experimentado un proceso de transformación. En sus primeros trabajos predominaban las estructuras teóricas y una voluntad intelectual más evidente. Con el paso del tiempo, afirma haberse desprendido de esas “armaduras” para acercarse a una expresión más íntima y expuesta.
“He hecho un gran esfuerzo por no ser un intelectual y creo que lo he conseguido”, expresó con ironía.
Para el autor, sus mejores momentos de escritura han ocurrido cuando logra abandonar el exceso de razonamiento y aproximarse a algo semejante a una oración: una relación con el lenguaje basada menos en la exhibición del conocimiento y más en la pasión y el asombro.
La traducción también ha sido fundamental en ese recorrido. Toriz ha traducido al español obras de Fernando Pessoa, Mário de Andrade y Oswald de Andrade. Aunque asegura que traduce poco y principalmente poesía, define esta práctica como un ejercicio espiritual que obliga a detenerse, concentrarse y buscar la palabra más justa.
Ante el actual ambiente político de Estados Unidos y el hostigamiento que, según denunció, enfrentan diversas comunidades migrantes, el escritor defendió la literatura como una herramienta de representación y resistencia.
“La dignidad no se negocia ni se pacta”, afirmó, al insistir en que los migrantes son sujetos de derechos y actores esenciales en la configuración económica y cultural del país.
Para Toriz, encuentros como el Festival del Libro y la Cultura Dominicana permiten que las comunidades latinoamericanas cuenten sus propias historias y eviten ser definidas exclusivamente por discursos externos. “No somos los parias ni los excedentes de un mundo que se acaba, sino la vanguardia de un mundo por venir”, aseguró.
El escritor invitó finalmente al público a revisar el programa completo del festival y acercarse a sus lecturas, paneles y actividades culturales. Considera que la tradición literaria dominicana posee una sólida dimensión lírica e intelectual y anticipó que el encuentro será, como se dice popularmente en México, un “merequetengue”: una celebración diversa, intensa y atravesada por la alegría del pueblo dominicano.




