Determinan homicidio en muerte de refugiado en Nueva York
MANHATTAN, Nueva York, EU, 3 de abril de 2026.- En medio de una concurrida y solemne liturgia de Viernes Santo, la Catedral de San Patricio se convirtió en escenario de reflexión y fe, donde la Iglesia católica llamó a los neoyorquinos a proclamar el amor de Dios en la tierra y a vivirlo en comunidad.
Cientos de fieles se congregaron desde tempranas horas en el emblemático templo ubicado en el corazón de Manhattan para conmemorar la crucifixión de Jesucristo, una de las fechas más significativas del calendario litúrgico cristiano.
En un ambiente de recogimiento, oración y silencio, los asistentes participaron en las lecturas, la adoración de la cruz y el sermón central, enfocado en el compromiso espiritual y social de los creyentes.

Durante la homilía, uno de los miembros del clero de la Arquidiócesis de Nueva York exhortó a los presentes a asumir con responsabilidad su papel como discípulos de Cristo, recordando que el verdadero aprendizaje de la fe implica sacrificio, entrega y amor al prójimo.
“Amigos, si queremos ser discípulos de Jesús, debemos primero inscribirnos en la escuela de la cruz; ahí aprenderemos a ser crucificados como Jesús lo fue y moriremos a nuestra humanidad para que sea su amor el que brille y se expanda a través de nosotros hacia la humanidad”, expresó el religioso que dirigió el mensaje ante los fieles.

El mensaje estuvo marcado por un llamado a la reflexión sobre las realidades sociales que afectan a la ciudad, como la migración, la desigualdad y la falta de solidaridad.
En ese sentido, el clero insistió en la necesidad de actuar con empatía y compromiso frente a quienes enfrentan dificultades, recordando el ejemplo de Jesús como guía para la acción cotidiana.
“Debemos mostrar nuestro compromiso con la comunidad, así como Jesús lo hizo, y ponernos del lado de nuestros hermanos. Por eso llamamos a este día Viernes Bueno, porque es un día perfecto para recordar el amor y la perfección de lo que hizo Jesús en la cruz por nosotros”, añadió.
En la ceremonia también estuvo presente el arzobispo Ronald Hicks, quien reforzó el mensaje de esperanza, amor y reconciliación, destacando la importancia del perdón como un acto liberador tanto a nivel individual como colectivo.
El líder religioso subrayó que, en tiempos marcados por tensiones sociales y desafíos económicos, el mensaje del Evangelio cobra mayor relevancia, invitando a los creyentes a ser instrumentos de paz y unidad en sus comunidades.
La celebración del Viernes Santo en Nueva York no solo reunió a fieles locales, sino también a visitantes de distintas partes del mundo, reflejando el carácter multicultural de la ciudad y la universalidad del mensaje cristiano.
Al finalizar la liturgia, muchos de los asistentes permanecieron en el templo en oración silenciosa, mientras otros salían conmovidos por las palabras escuchadas, reafirmando su compromiso de llevar a la práctica el llamado de la Iglesia: vivir el amor de Dios en cada acción diaria y compartirlo con quienes más lo necesitan.




