Declara Asamblea de Venezuela héroes a fallecidos en incursión de EU
BROOKLYN, Nueva York, EU, 5 de enero de 2026.- La jornada durante la presencia de Nicolás Maduro y su esposa ante en juez, estuvo marcada por un ambiente de alta tensión a las afueras de la corte, fuerte despliegue de seguridad y una notable presencia de venezolanos en los alrededores en Brooklyn, Nueva York.
Desde tempranas horas, decenas de patrullas, agentes federales y controles perimetrales rodearon el edificio judicial, mientras medios de comunicación nacionales e internacionales se concentraban para cubrir el desarrollo del caso.
En el exterior de la corte, el ambiente era intenso y cargado de emociones. Cientos de venezolanos se congregaron en las calles aledañas portando banderas, pancartas y camisetas con mensajes como Libertad para Venezuela, Maduro dictador y consignas de apoyo a las recientes acciones del gobierno estadounidense. Los manifestantes coreaban consignas de forma constante, celebrando lo que consideran un momento histórico tras años de denuncias contra el régimen venezolano.
Muchos de los asistentes expresaron abiertamente su respaldo al presidente Donald Trump, agradeciendo las decisiones tomadas en los últimos días y afirmando que, a su juicio, representan un paso firme contra la impunidad. Para varios de ellos, la escena frente a la corte simbolizaba justicia largamente esperada y una oportunidad para visibilizar el sufrimiento de millones de venezolanos dentro y fuera de su país.
“Hoy es un día que muchos venezolanos jamás pensamos que íbamos a vivir. Ver a Maduro aquí, frente a una corte en Estados Unidos, nos llena de esperanza. Yo apoyo totalmente al presidente Trump porque fue el único que se atrevió a hacer lo que otros no hicieron. Maduro tiene que pagar por todo el daño que le hizo a nuestro país, por los muertos, por el exilio forzado de millones. Lo mínimo que esperamos es que enfrente una condena ejemplar y que nunca más vuelva a pisar Venezuela como dictador”, expresó un venezolano residente en Nueva York desde hace ocho años.
Sin embargo, en contraste con la multitud venezolana, un segundo grupo también se hizo presente en las afueras del tribunal. Se trataba de manifestantes que no se identificaban como venezolanos ni sudamericanos, muchos de ellos de origen asiático, quienes portaban carteles escritos exclusivamente en inglés con mensajes como No más bombas, Fuerza Maduro, y Libertad para Maduro. Estos manifestantes se mostraban en contra de las acciones del gobierno estadounidense y criticaban la política exterior de Washington.
La división era evidente no solo en los mensajes, sino también en los idiomas, símbolos y consignas. Mientras los venezolanos gritaban en español y ondeaban banderas tricolores, el otro grupo mantenía protestas más silenciosas, enfocadas en mensajes contra la guerra y la intervención militar, lo que generó momentos de tensión verbal entre ambos bandos, aunque sin incidentes mayores gracias a la presencia policial.
“Nosotros no estamos aquí por política partidista, estamos aquí por justicia. Trump hizo lo que tenía que hacer y por eso lo apoyamos. Venezuela lleva más de 20 años secuestrada por una dictadura que destruyó familias, hospitales, escuelas y sueños. Yo espero que a Maduro le caiga todo el peso de la ley, incluso cadena perpetua si es posible, porque lo que pasó en Venezuela no fue un error, fue un crimen sistemático contra un país entero”, afirmó una migrante venezolana que viajó desde Nueva Jersey para asistir a la manifestación.
Durante toda la jornada, la seguridad se mantuvo reforzada, con accesos restringidos, presencia de agentes federales y vigilancia constante para evitar altercados. Los medios permanecieron atentos a cualquier novedad dentro de la corte, mientras afuera los manifestantes continuaban expresándose, conscientes de que su presencia también era una forma de presión y memoria colectiva.
Más allá de lo que ocurriera puertas adentro del tribunal, la escena en Brooklyn dejó en evidencia la profunda polarización que rodea el caso de Nicolás Maduro y cómo su figura sigue movilizando pasiones, esperanzas y rechazos, incluso fuera de Venezuela. Para muchos de los presentes, la concentración no fue solo una protesta, sino un acto simbólico de desahogo y reivindicación tras años de exilio y dolor.