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MANHATTAN, Nueva York, EU, 26 de junio de 2026.- En un momento político marcado por retrocesos y disputas sobre los derechos de las personas queer en Estados Unidos, la Drag March volvió este viernes a las calles del East Village como una expresión de protesta, memoria y resistencia. Frente a las políticas de la administración de Donald Trump, que han buscado limitar las protecciones para la población LGBT+, los participantes insistieron en que marchar en drag no es solo una celebración: es una forma de decir que no van a desaparecer.
La concentración comenzó en Tompkins Square Park, donde desde temprano se reunieron decenas de personas vestidas con trajes cada vez más elaborados: lentejuelas, pelucas pequeñas y enormes de todos los colores, mallas, pestañas postizas y mucho maquillaje. No había una estética única, sino una mezcla desbordante de identidades y cuerpos que convertían el parque en una antesala de fiesta y comunidad.
Brendan, uno de los marshals al frente de la marcha, explicó que su papel era ayudar a mantener el orden del recorrido, aunque aclaró que el espíritu del evento está lejos de la estructura rígida de otros desfiles.
“Soy como el border collie que mantiene todo en movimiento y unido”, dijo entre risas. Luego precisó que se trata de una marcha organizada desde la base: “No hay policía involucrada, no hay patrocinadores corporativos, no hay tonterías, a diferencia de la otra marcha del Pride”.
La distinción no es menor. Quienes participan insisten en que se trata de una marcha, no de un desfile. La NYC Drag March nació en 1994 como una respuesta alternativa a los eventos oficiales del Pride y, desde entonces, se realiza el viernes previo al fin de semana principal del orgullo LGBT+. Su ruta tradicional parte de Tompkins Square Park y llega hasta Stonewall Inn, lugar histórico asociado a los disturbios de 1969 que impulsaron el movimiento moderno por la liberación gay.

Para Brendan, la importancia de esta marcha radica precisamente en su capacidad de reunir a distintas generaciones y expresiones dentro de la comunidad queer.
“Esto une a las personas porque ha estado ocurriendo por mucho tiempo. Reúne a la gente y es una mezcla sólida de todo tipo de espectros de personas”, afirmó. “Solo mira alrededor: hay tantos tipos diferentes de personas, y todo es alegre y amistoso. Probablemente sea la única marcha drag en el mundo”.
Esa energía colectiva también fue destacada por Cole, Travis y Matthew, tres participantes que llegaron a Tompkins Square Park para sumarse al recorrido hacia Stonewall. Uno de ellos explicó que esta marcha representa el origen combativo del Pride:
“Por eso tenemos que seguir viniendo, porque esto representa lo que fue la marcha original: resistencia y decir no, no vamos a caer y no nos vamos a acobardar”.
Para ellos, el carácter anticorporativo de la marcha permite recuperar una esencia política que muchas veces se diluye en las celebraciones masivas.
A diferencia de eventos con grandes estructuras, marcas y tarimas, la Drag March funciona casi como un acuerdo tácito entre quienes conocen su historia.
“Cada año sé que el viernes del fin de semana del Pride puedo venir a Tompkins Square Park. Nos reunimos alrededor de las siete, la marcha empieza alrededor de las ocho y cruzamos la ciudad hasta Stonewall para pasarla increíble marchando por las calles de Nueva York en drag con toda nuestra familia”, dijo uno de los participantes.

Entre los asistentes también estaba Juan Felipe Rendón, un colombiano que vive en Nueva York desde hace 14 años y que participaba por primera vez en la marcha. Para él, estar allí tenía un peso especial por el clima político actual.
“Es muy importante, especialmente en el momento en el que estamos, tener estas expresiones de alegría, estar aquí presentes y fuertes, y saber que aquí estamos y no nos vamos a ningún lado”, expresó.
Rendón agregó que, frente a los intentos de borrar o reducir los derechos de las personas queer, la respuesta más poderosa sigue siendo la comunidad. “No hay nada más importante que la fuerza de estar unidos”, dijo. “Aquí estamos en comunidad, unidos entre nosotros y con lo que llevamos dentro. Eso se ve y se siente”.
Mientras la marcha avanzaba entre música, cánticos, brillo y maquillaje, el mensaje político quedaba claro: en Nueva York, meca mundial de la cultura drag, se protege la diversidad y se celebra el orgullo con estilo y convicción.




