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EDISON, Nueva Jersey, EU, 7 de agosto de 2026.- Guillermo Garcés, socio fundador de Garcés, Grabler & LeBrocq, participó en la Feria de Negocios Hispanos organizada por la Cámara de Comercio Hispana Estatal de Nueva Jersey. El encuentro reunió a empresarios, profesionales y organizaciones de distintos sectores. Para Garcés, la jornada representó una oportunidad para acercarse a la comunidad y compartir una idea que considera esencial para cualquier negocio: crecer a partir de la calidad del servicio.
“Yo creo que es 10 mil veces mejor dar buen servicio”, afirmó el abogado durante la feria. Garcés sostiene que una empresa puede invertir grandes cantidades en publicidad, pero la recomendación directa de un cliente satisfecho tiene un valor distinto.
Su firma mantiene una amplia presencia publicitaria en Nueva Jersey, con más de un centenar de vallas en carreteras del estado. Sin embargo, para él, “los billboards que de verdad me gustan son mis clientes”.
El abogado describió a esos clientes como “billboards humanos”. Son personas que después de recibir atención recomiendan el bufete entre familiares y amigos.
“La manera en que uno trata a su cliente tiene que ser con cariño, con respeto, y el servicio tiene que ser primero”, señaló. A su juicio, esa lógica debe aplicarse tanto a quienes ofrecen servicios profesionales como a quienes venden productos.

Garcés, Grabler & LeBrocq trabaja principalmente con casos de lesiones personales. Entre ellos están los accidentes de tránsito, accidentes laborales, caídas y resbalones. Garcés insistió en la importancia de reportar rápidamente cualquier incidente ocurrido en el trabajo y buscar atención médica. También explicó que, en los accidentes automovilísticos, determinar la responsabilidad es fundamental para evaluar un posible reclamo.
La historia personal del abogado también está vinculada con la experiencia migrante. Guillermo “Will” Garcés nació en Camagüey, Cuba, y llegó a Estados Unidos con su familia cuando tenía tres años. Su padre había ejercido como veterinario en Cuba, pero al llegar a Nueva Jersey tuvo que comenzar desde cero debido a la barrera del idioma. Después de aprender inglés y aprobar los exámenes correspondientes, logró volver a ejercer su profesión.
Su madre también encontró una manera de contribuir al hogar. Emprendió un pequeño negocio de figuras de mazapán mientras cuidaba de sus hijos. Garcés reconoce en esas experiencias familiares una de las principales influencias de su trayectoria. Ese origen, asegura, le permite comprender a quienes llegan al país sin recursos suficientes y deben reconstruir su vida desde el principio.
El crecimiento de su firma también comenzó de forma modesta.
“Yo empecé con una oficina; yo no era un muchacho rico”, recordó. Actualmente, según Garcés, el bufete cuenta con 13 propiedades, alrededor de 150 empleados y 40 abogados. “Lo hice todo porque la manera en que uno trata a su cliente tiene que ser con cariño, con respeto”, afirmó.Durante la feria, Garcés dijo que su principal objetivo no era buscar una venta inmediata, sino observar el crecimiento de otros empresarios y mantenerse cerca de la comunidad hispana. “Olvídate del dinero. El dinero es lo que viene después”, expresó. Para él, la prioridad debe ser ofrecer un servicio de primera calidad. “Cuando se hacen bien las cosas, el dinero viene por añadidura”, concluyó.




