Presenta Canadá informe definitivo sobre fallas del sumergible Titán
TRENTON, Nueva Jersey, EU, 20 de junio de 2026.- La posibilidad de que el fenómeno de El Niño se forme en la segunda mitad de 2026 ha reactivado las alertas en América Latina, donde distintos sectores económicos y ambientales podrían enfrentar impactos significativos.
Aunque los centros internacionales de predicción climática aún no confirman un episodio fuerte, la probabilidad de su desarrollo continúa en aumento, según los últimos modelos atmosféricos y oceánicos, reseñados por Bloomberg.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) elevó al 61 por ciento la probabilidad de que El Niño se presente entre mayo y julio, mientras que la Organización Meteorológica Mundial (WMO) advierte que todavía no existe evidencia suficiente para anticipar un escenario extremo. Para la WMO, el panorama actual debe interpretarse como un riesgo creciente, no como una certeza.
Los efectos potenciales no serían homogéneos. En la costa del Pacífico de Ecuador y Perú, un evento fuerte suele traducirse en lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos, con consecuencias directas sobre infraestructura, agricultura y pesca. En contraste, el Corredor Seco de Centroamérica y zonas del norte de Sudamérica tienden a enfrentar sequías prolongadas, estrés hídrico y olas de calor.
En la Amazonía, el norte de Brasil y el Pantanal, la combinación de menos lluvia, altas temperaturas e incendios podría agravar la presión sobre ecosistemas ya vulnerables.
En el extremo opuesto, el sur de Brasil, Uruguay, Paraguay y el noreste de Argentina suelen registrar precipitaciones por encima de lo normal, con riesgo de crecidas e inundaciones.
Estudios previos estiman que un episodio similar al de 2016 podría reducir el crecimiento económico de los países andinos entre 0,6 y 1,7 puntos del PIB, además de generar presiones fiscales por la necesidad de financiar respuestas a desastres.
El sector agrícola sería uno de los más afectados: alteración de calendarios de siembra, estrés térmico sobre cultivos, anegamientos, menor disponibilidad de agua y aumento de plagas.
Los cultivos más expuestos incluyen maíz, frijol, soja, arroz, café, cacao y caña de azúcar, dependiendo de la región.
La región también podría enfrentar tensiones en el sistema eléctrico, especialmente en países con alta dependencia de la hidroelectricidad, que aporta cerca del 50 por ciento de la energía en América Latina.
Sequías prolongadas reducen embalses y obligan a activar plantas térmicas más costosas y contaminantes, lo que incrementa los costos de generación y la vulnerabilidad del sistema.
Expertos coinciden en que la clave es actuar antes de que los impactos se manifiesten. Esto implica reforzar la vigilancia climática, actualizar escenarios de riesgo, fortalecer la infraestructura logística, ampliar seguros agrícolas y mejorar la gestión del agua.
La WMO destaca la importancia de los sistemas de alerta temprana multirriesgo, que permiten transformar información climática en decisiones concretas.




