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TRENTON, Nueva Jersey, EU, 9 de mayo de 2026.- La incidencia de visitas a salas de urgencias por picaduras de garrapata en Estados Unidos alcanzó durante abril su punto más alto en casi una década. El calentamiento global ha permitido que estos arácnidos no solo sobrevivan en mayores cantidades al invierno, sino que permanezcan activos por periodos prolongados y colonicen nuevas regiones.
Una experta en patología de la Clínica Mayo advierte que esta expansión geográfica expone a la población a especies y patógenos con los que no existía contacto previo, incrementando la vulnerabilidad sanitaria en áreas antes consideradas seguras.
La situación se complica debido a que un número creciente de ejemplares son portadores de más de una enfermedad simultáneamente. Un estudio realizado en el valle del Hudson determinó que la presencia de ninfas con bacterias de Lyme y parásitos de babesiosis aumentó de 3.5 por ciento en 2014 a un 10.8 por ciento en 2022. Esta combinación preocupa a la comunidad médica, dado que la babesiosis requiere un tratamiento específico que difiere de los antibióticos estándar.
Por su parte, Laura Goodman, profesora de la Universidad de Cornell, destaca la rapidez con la que especies invasoras, como la garrapata asiática de cuernos largos, se han desplazado desde Nueva Jersey hasta estados como Oklahoma.
Ante la ausencia de una vacuna para humanos aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), la prevención se mantiene como la defensa principal. El uso de repelentes con DEET o permetrina, vestir prendas de colores claros y realizar revisiones corporales minuciosas tras visitar parques o jardines son medidas esenciales.
En caso de presentar fiebre, erupciones o dolores musculares, los especialistas recomiendan identificar la especie de la picadura para facilitar el diagnóstico, mientras se espera que nuevas herramientas de detección temprana lleguen al mercado en los próximos dos años.




