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BROOKLYN, Nueva York, EU, 22 de julio de 2026.- Afuera del Barclays Center, las monedas de los caderines chocaban entre sí cada vez que alguna fanática se los probaba alrededor de la cintura. Los pañuelos, convertidos durante décadas en un símbolo de los movimientos de cadera de Shakira, fueron el artículo más buscado entre los vendedores que ocuparon las calles cercanas a la arena de Brooklyn este martes 21 de julio. Costaban entre cinco y 10 dólares, mientras que las camisetas se ofrecían desde los 20. Randy, uno de los comerciantes, reconocía que las ventas habían estado lentas cuando todavía faltaban dos horas para el concierto, pero tenía claro que la jornada no terminaba allí: él y sus compañeros permanecerían hasta la salida del público para intentar vender más.
Dentro del recinto, la espera terminó con el reencuentro entre Shakira y una audiencia que la había visto apenas la noche anterior en la primera de sus dos presentaciones consecutivas en Brooklyn.
“No hay nada como cuando una loba vuelve con su manada”, dijo la colombiana al recordar que desde sus conciertos del verano pasado en MetLife habían ocurrido muchas cosas.
Shakira agradeció el cariño recibido durante todos estos años y prometió entregar todo lo que tenía sobre el escenario, apenas dos días después de participar en el primer espectáculo de medio tiempo de una final de la Copa Mundial de la FIFA.

La manada había llegado desde distintos lugares del país. Camila, una peruana de 25 años residente en Colorado, contó que su recorrido hasta Brooklyn terminó extendiéndose por varias horas después de perderse en el sistema de trenes y llegar por error hasta New Rochelle. Era la primera vez que veía a Shakira en concierto y, aunque lamentaba que Día de Enero no estuviera incluida en el repertorio, esperaba especialmente La Tortura y la sesión con Bizarrap. El cansancio del viaje parecía desaparecer conforme se acercaba la hora de entrar a la arena.
Celine, de 35 años, ya conocía la experiencia de formar parte de aquella manada. Había visto a la cantante el año anterior en MetLife y decidió repetir cuando se anunció una segunda fecha en Brooklyn, luego de que la primera agotara sus entradas. “Necesitaba verla otra vez”, explicó. Su canción del momento era Dare (La La La), ligada también a la historia de Shakira con los mundiales de fútbol. Cerca de ella, Alex y Hailey celebraban haber comprado sus boletos apenas la noche anterior por 50 dólares, un precio que terminó de convencerlas para asistir.
El concierto avanzó como un recorrido por las distintas vidas artísticas de Shakira. Hubo espacio para la estrella mundial de grandes producciones, pero también para la joven rockera de cabello oscuro que comenzó a conquistar al público latinoamericano en la década de 1990.
Estoy Aquí, Inevitable, Ojos Así, Pies Descalzos, Dónde Estás Corazón y Antología despertaron una nostalgia colectiva.
Las canciones ya no pertenecían solamente a los discos: estaban relacionadas con adolescencias, viajes familiares, amores pasados y generaciones enteras que crecieron escuchándolas.
La guitarra volvió a ocupar un lugar central. Shakira tomó una acústica para interpretar Inevitable y también tocó durante Dónde Estás Corazón, recordándole al público que antes de convertirse en una figura global del baile y el pop, construyó buena parte de su identidad como compositora y guitarrista.
En otros momentos apareció con una Fender eléctrica rosa y brillante. Cada acorde fue acompañado por miles de voces que transformaron la arena en un karaoke masivo, especialmente durante Suerte, la canción que ayudó a consolidar su fama internacional.
La conexión con el fútbol también atravesó el espectáculo. Sonaron Waka Waka, Hips Don’t Lie y Dai Dai, su canción para el Mundial de 2026 junto a Burna Boy.
La aparición de Wyclef Jean durante “Hips Don’t Lie” produjo uno de los momentos más explosivos de la noche. Shakira, descalza y vestida con un atuendo bohemio de tonos arena, se desplazó entre sus bailarinas mientras el artista apareció vestido de negro, con lentes oscuros, sombrero y una bandana de colores. La arena entera respondió al ritmo de una canción que, dos décadas después de su lanzamiento, continúa funcionando como una celebración colectiva.

El momento más íntimo llegó antes de Acróstico, la canción que comparte con sus hijos Milan y Sasha. Shakira reconoció desde el escenario el esfuerzo de las madres solteras, alejándose por unos minutos de la espectacularidad para hablar de maternidad y resiliencia. Fue una pausa emocional dentro de una producción dominada por pantallas gigantes, cambios de vestuario, coreografías y canciones que recorrieron más de 30 años de carrera.
Hacia el final, la pantalla presentó los llamados 10 mandamientos de las lobas, una declaración de independencia y solidaridad femenina que sirvió como antesala del cierre. Loba convirtió nuevamente al Barclays Center en una pista de baile y Shakira: BZRP Music Sessions, Vol. 53 puso el punto final.
Mientras las luces comenzaban a encenderse, el público continuó cantando el verso que acompañó la transformación más reciente de la colombiana: “una loba como yo no está pa’ tipos como tú”.
Shakira continuará esta etapa estadounidense de Las Mujeres Ya No Lloran World Tour el jueves 23 de julio en el UBS Arena de Belmont Park y el sábado 25 en el Boardwalk Hall de Atlantic City, antes de llevar su espectáculo a Europa. Ambas presentaciones están programadas para comenzar a las 20:30 de la noche.




