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MÁLAGA, España, 3 de agosto de 2026.- Hay artistas que ofrecen conciertos y otros que convierten cada actuación en un encuentro entre generaciones. Eso fue lo que ocurrió en la Plaza de Toros de La Malagueta, donde Loquillo volvió a demostrar que, casi cinco décadas después, sigue siendo el gran referente indiscutible del rock español. El concierto, enmarcado en el 101 Music Festival Costa del Sol, se convirtió en una celebración de la memoria compartida y de un repertorio que ha trascendido el tiempo.
Desde mucho antes del inicio, estaba claro que en el caso de un concierto multitudinario. Las primeras filas de seguidores fueron un verdadero encuentro entre generaciones que compartieron una parte de la música de la etapa Loco de su vida. Camisetas de Trogloditas, la legendaria imagen del pájaro y una devoción que se palpaba en el ambiente, personificada en detalles tan entrañables como un fiel seguidor que llegó completamente caracterizado como el artista —con su impecable traje negro, gafas de sol y su icónico tupé—, acaparando miradas y demostrando su impacto estético y cultural.

A las 22 horas, la ovación estalló. Loquillo saltó al escenario vestido totalmente de negro, con sus inseparables gafas oscuras, desatando la euforia colectiva. Acompañado por una banda de músicos de excelente calidad —donde destacaron unas guitarras afiladas, una batería atronadora y un saxofón que aportaron la atmósfera idónea—, el artista encadenó un tema tras otro casi sin dar tregua, combinando sus nuevas composiciones con los himnos que marcan la historia musical de este país.
Con la gira Corazones Legendarios, el artista recorrió canciones que forman parte del ADN colectivo. Temas con un contenido profundo que no pasan de moda y que resuenan con total vigencia en la actualidad. El rompeolas, La mataré, El ritmo del garaje, Feo, fuerte y formal o Cadillac solitario fueron coreadas de principio a fin.
A lo largo de la velada, el público no solo hizo de coro improvisado, sino que cantó estrofas enteras de memoria, momento en el que el propio Loquillo se mostró visiblemente emocionado y se encargó de dirigir la enorme orquesta en la que se había transformado la plaza. Uno de los instantes más especiales de la noche llegó cuando el artista bajó del escenario para cantar entre sus seguidores, desatando la locura en las primeras filas y reafirmando su inquebrantable conexión directa con la calle.
Ver a Loquillo en directo sigue siendo todo un lujo por su arrolladora personalidad. El barcelonés derrochó su característico lenguaje corporal sobre las tablas: sus poses de frontman clásico de portada de revista, los brazos en alto dominando el espacio y ese caminar elegante y chulo con el que encabeza la música de una manera única. Hubo tiempo también para los detalles de pura actitud rockera; a mitad del show, tras un breve descanso, dejó las gafas de sol para lucir un saco gris y, desafiando las altas temperaturas de la noche malagueña, fumó dos cigarrillos en el escenario sin perder un ápice de su impecable pulso vocal.

El concierto concluyó con una puntualidad británica a medianoche, el límite fijado por la plaza de toros, dejando a miles de gargantas con ganas de una noche que bien hubiera podido alargarse hasta el amanecer si las guitarras no hubieran tenido que callar. El ya clásico grito de ¡Loco, loco, loco! retumbó con fuerza en La Malagueta como broche de oro.
Esta actuación vuelve a hacer historia en Málaga, repitiendo el éxito de años anteriores en los que el público ya había alabado el directo del artista. Con citas de este calibre, el 101 Music Festival Costa del Sol se consolida, junto al resto de propuestas de la provincia, como el gran motor cultural del verano, marcando con fuerza el listón de calidad de los conciertos estivales en la Costa del Sol.




