Impulsa lideresa indígena en la ONU foro de transición energética
NUEVA YORK, Nueva York, EU, 22 de abril de 2026.- En los pasillos de la sede de la ONU en Nueva York, donde esta semana se desarrolla la sesión número 25 del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas, dos jóvenes lideresas de América Latina pusieron sobre la mesa la lucha indígena territorial y cultural que libran mujeres jóvenes que combinan conocimiento ancestral con herramientas del siglo 21.
Chananin, activista del pueblo Giwa en el Valle de Tehuacán, México, y Sidney Males Muenala, lideresa kichwa otavalo de Ecuador, representan a una generación que está redefiniendo el activismo indígena.
Ambas coinciden en señalar el extractivismo como una de las principales amenazas para sus comunidades. En el caso de Chananin, el impacto se manifiesta en la salud, el acceso al agua y el deterioro ambiental provocado por industrias como la minería y la agricultura intensiva.
"Trabajamos con juventudes utilizando tecnologías, comunicación y arte para recuperar ese valor", explicó Chananin en conversación con Quadratín Hispano, refiriéndose a prácticas como el cultivo del maíz, que la presión de los mercados y la migración han ido erosionando.
Su trabajo se enfoca en fortalecer la organización comunitaria y articular alianzas con movimientos climáticos y campesinos, con el objetivo de defender el territorio desde una visión colectiva.
Este proceso de fragmentación comunitaria y pérdida de transmisión cultural entre generaciones es una constante documentada en comunidades indígenas de toda América Latina, donde la movilidad económica y la presión de modelos externos debilitan prácticas ancestrales fundamentales.
Desde Ecuador, Sidney Males Muenala es una activista kichwa otavalo comprometida con la justicia racial, climática y los derechos humanos, con una trayectoria en investigación académica, activismo territorial y liderazgo comunitario.
En Nueva York, Males Muenala aportó una perspectiva marcada por la violencia estatal y los procesos de criminalización que enfrentan los defensores de territorios en Ecuador.
"Cruzar barreras para estudiar implica enfrentar racismo y segregación", señaló, al describir las tensiones constantes entre movilidad social e identidad que vive la juventud indígena.
Otro elemento central en ambas intervenciones fue el liderazgo femenino y las resistencias que enfrentan dentro de sus propias comunidades.
"Porque nuestras formas de organizar son nuevas, piensan que son malas. Solo porque somos mujeres", dijo Chananin.
Este tipo de roce generacional refleja un cambio real en la estructura del liderazgo comunitario, donde las mujeres jóvenes buscan abrir espacios sin abandonar los conocimientos de sus mayores.
Males Muenala amplió esa perspectiva al señalar que las desigualdades de género no son fenómenos aislados: están vinculadas a estructuras más amplias de poder que se replican desde el Estado hasta el ámbito familiar.
"Es importante que, como mujeres, salgamos de nuestro statu quo y alcancemos estos espacios", afirmó.
Lo que diferencia a esta generación de lideresas, además de su edad y su presencia en foros internacionales, es la manera en que relacionan lo local con lo global sin excluir uno del otro.
Ambas coinciden en que la lucha territorial está profundamente conectada con la identidad, la cultura y la continuidad de sus pueblos. Para ello, incorporan tecnología, comunicación digital y participación en organismos internacionales como herramientas, mas no como fines.
Según cifras de la ONU-DH México, en 32 de 46 casos documentados de personas defensoras indígenas asesinadas o amenazadas, estas realizaban actividades de defensa ambiental, el mismo campo en el que trabajan estas lideresas.
Desde el escenario de Naciones Unidas, estas dos voces jóvenes posicionaron a las mujeres indígenas como arquitectas activas de nuevas formas de resistencia.




