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TRENTON, Nueva Jersey, EU, 27 de marzo de 2026.- Una investigación publicada esta semana en el International Journal of the History of Sport ha arrojado luz sobre el rol de las mujeres guerreras en los espectáculos del Imperio romano.
El estudio, liderado por el especialista Alfonso Mañas de la Universidad de California en Berkeley, en Estados Unidos, concluye que las mujeres no solo participaban en combates, sino que se enfrentaban a fieras en la arena con el torso descubierto. Esta práctica buscaba distinguir claramente el género de las combatientes frente a los espectadores situados en las gradas, además de generar un efecto erótico entre la audiencia de la época.
El análisis se fundamenta en un mosaico romano datado hace mil 700 años, descubierto originalmente en Reims, Francia, durante el año 1860. Aunque gran parte de la pieza original se perdió bajo los bombardeos de la Primera Guerra Mundial, el dibujo detallado realizado por el arqueólogo que la halló permitió a Mañas identificar a una figura femenina portando un látigo y un arma.
La representación muestra con claridad el pecho de la guerrera, lo que confirma su identidad como una venatrix o cazadora de bestias, diferenciándola de las gladiadoras tradicionales que combatían contra otros seres humanos.
Mañas sostiene que estas mujeres podían ser voluntarias o personas condenadas que buscaban obtener su libertad mediante el entrenamiento y la lucha contra animales. La vestimenta, que dejaba los senos al descubierto, era una convención visual necesaria en los juegos de arena para que el público reconociera la naturaleza excepcional del enfrentamiento.
El investigador destaca que, si bien existen fuentes escritas en EU y Europa que mencionan estos combates, el registro visual recuperado de este antiguo mosaico francés constituye una prueba fundamental para entender las condiciones de estas exhibiciones.




