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TRENTON, Nueva Jersey, EU, 27 de marzo de 2026.- Astrónomos que trabajan con el Telescopio Espacial Hubble identificaron por primera vez evidencias de que un cometa desaceleró su rotación hasta casi detenerse y luego invirtió su giro, un comportamiento nunca antes documentado.
El hallazgo, publicado en The Astronomical Journal y reseñado por la NASA en su sitio web, revela cómo la actividad gaseosa puede alterar drásticamente la dinámica de pequeños cuerpos del sistema solar.
El protagonista es el cometa 41P/Tuttle‑Giacobini‑Kresák, un objeto procedente del Cinturón de Kuiper que visita el sistema solar interior cada 5,4 años. Tras su paso cercano al Sol en 2017, observaciones del satélite Swift mostraron que su periodo de rotación se había ralentizado de forma extrema, pasando de unas pocas decenas de horas a casi tres días.
Nuevos análisis de imágenes del Hubble tomadas en diciembre de 2017 revelaron un cambio aún más sorprendente: el cometa volvió a girar rápidamente, con un periodo de unas 14 horas, lo que sugiere que su rotación no solo se frenó, sino que cambió de dirección.
Según los investigadores, chorros de gas expulsados de manera desigual actuaron como pequeños propulsores capaces de revertir el giro del núcleo.
El Hubble también permitió estimar el tamaño del núcleo en aproximadamente un kilómetro de diámetro, lo que lo convierte en un cometa inusualmente pequeño y, por tanto, más susceptible a cambios bruscos en su rotación.
El estudio indica además que la actividad general del cometa ha disminuido desde retornos anteriores, lo que podría reflejar una rápida evolución superficial a medida que se agotan los materiales volátiles o se acumulan capas de polvo aislante.
Los científicos advierten que, si las variaciones rotacionales continúan, el cometa podría enfrentar inestabilidad estructural, ya que un giro excesivamente rápido puede fragmentar o incluso desintegrar un núcleo tan pequeño.
El hallazgo fue posible gracias a datos archivados en el Mikulski Archive for Space Telescopes, donde décadas de observaciones del Hubble siguen generando descubrimientos inesperados. El telescopio, una colaboración entre la NASA y la ESA, continúa aportando información sobre la evolución de los cuerpos menores del sistema solar.




