Fomentan lectura gratuita con intercambio de libros en parque de Queens
QUEENS, Nueva York, EU, 2 de marzo de 2026.- La cultura de la lectura en Nueva York es uno de los rasgos más visibles del ritmo cotidiano de la ciudad. En vagones de la Autoridad Metropolitana de Transporte, en autobuses o en parques, es común ver a residentes concentrados en novelas, ensayos o libros infantiles. Para muchos neoyorquinos, el trayecto diario al trabajo o a la escuela se convierte en el momento ideal para avanzar en un capítulo pendiente o descubrir nuevas historias.
Ante la importancia que tiene esta actividad para la vida cultural de la ciudad, diversas organizaciones comunitarias han impulsado iniciativas de intercambio gratuito de libros, conocidas como “book swaps”. Estos espacios funcionan como pequeños mercados abiertos donde las personas pueden tomar un libro para leerlo en casa o donar ejemplares que ya no utilizan, con el objetivo de que otros vecinos también disfruten de ellos.
Uno de estos puntos se encuentra en el Torsney Park, ubicado en la calle 43 con la avenida Skillman, en el sector de Sunnyside, en el distrito de Queens. Allí, la organización comunitaria Sunnyside Book Swap instaló una estación de intercambio que cuenta con más de 200 libros disponibles para los vecinos. Los títulos abarcan desde literatura clásica hasta libros infantiles y textos educativos, todos disponibles de manera gratuita.

Además del intercambio, el lugar cuenta con un pequeño espacio de lectura para niños, equipado con mesas y sillas donde los más pequeños pueden sentarse a leer, colorear o compartir con otros menores. Padres de familia destacan que este tipo de iniciativas fomenta el hábito de la lectura desde edades tempranas, algo que consideran fundamental en una ciudad donde el acceso a la cultura es amplio, pero muchas veces costoso.
Una de las características más llamativas de este punto comunitario es que nunca cierra. Funciona las 24 horas del día, los siete días de la semana. Cuando el clima se vuelve adverso, especialmente durante las nevadas o lluvias intensas típicas del invierno neoyorquino, los libros son protegidos con cobertores para evitar daños por agua o humedad.
La dinámica es sencilla: cualquier persona puede tomar un libro sin costo alguno. No existe obligación de pago, aunque sí se aceptan donaciones voluntarias para mantener la iniciativa. Quienes deseen apoyar pueden hacerlo de varias formas, ya sea colaborando como voluntarios para organizar los libros o aportando dos dólares por cada ejemplar que se lleven. En el caso de los libros infantiles, la contribución sugerida es el mismo valor por cinco títulos.
Asimismo, quienes tengan libros en buen estado en casa pueden donarlos en cajas dispuestas por la organización. Los textos recolectados son revisados y luego colocados en los estantes para que otros lectores puedan escogerlos. Según voluntarios del proyecto, cada semana llegan nuevos libros que reflejan la diversidad cultural de Nueva York, con textos en inglés, español y otros idiomas.
Iniciativas como estas se suman a otros programas impulsados por bibliotecas públicas y colectivos vecinales que buscan fortalecer el acceso a la lectura. En una ciudad donde el tiempo parece escaso, los neoyorquinos continúan demostrando que siempre hay espacio para un libro, ya sea en un tren rumbo a Manhattan, en un parque de Queens o en cualquier rincón donde la literatura pueda unir a la comunidad.


