Los gavilanes no pían
No es una novedad que los políticos escriban sus memorias o “verdades”. En el siglo XX hay ejemplos de esta práctica, que en algunos casos puede ser hasta divertida para los lectores.
De los personajes metidos en la política han salido escritos espectaculares. Dos ejemplos: Vasconcelos y la saga de textos, que inicia con el Ulises Criollo y las memorias del famoso Alazán Tostado.
Antes de avanzar, aclaro: en el siglo XIX también hay bodrios, perdón, reflexiones de algunos prohombres, entre ellos Juárez, Guillermo Prieto y Santa Anna.
Los textos con epifanías personales pueden tener varios objetivos; reseño:
1.- el cursi. Este consiste en dejar a sus herederos una narración rosa de la vida del autor. Un ejemplo es Juárez, sacrosanto varón que nos recetó: Apuntes para mis hijos. 2.- El presumido. Es una colección de alardes de todo tipo. Gracias a este subgénero literario podemos saber de las aventuras sexuales del famoso oaxaqueño que fue secretario de Educación. 3.- El franco. Un estilo norteño que no duda en poner en su lugar las cosas y dejar de lado posiciones zalameras y gatunas. Aquí se ubican Urquizo y los Alessio Robles. 4.- El que aclara. Son textos que salen de la pluma de políticos que tienen como razón de ser la defensa de ataques y la búsqueda de pretextos. Entre ellos, los de Pascual Ortiz Rubio, Limantour y algunos de López Obrador, y 5.- El cínico. Lleno de párrafos que enumeran delitos, faltas y excesos, escritos como proezas o confesiones. Se hacen desde una posición de autosuficiencia y una especie de rara lealtad a la realidad. Allí se encuentra el campeón de todos los textos autobiográficos: las memorias de Gonzalo N. Santos; el autor fue conocido como el Alazán Tostado, y es el mismo que acuñó una frase emblemática: los gavilanes no pían.
No hay textos puros y en todos se pueden mezclar matices. Incluso, tenemos el anti biográfico, un texto que también se pone de ejemplo de la antinovela de la Revolución; me refiero a Los relámpagos de agosto, la premiada obra de mi admirado Jorge Ibargüengoitia.
Hace unos días salió a la venta un librito de este género literario que se agotó inmediatamente. El nombre: Ni venganza ni perdón, de la pluma de Julio Scherer y Jorge Fernández Menéndez. En la portada, el abrazo que le da el presidente tabasqueño a su “amigo” después de anunciar que le daba las gracias.
En el libro, de necesaria lectura, hay cuatro líneas a destacar: 1.- la justificación personal; 2.- la descripción de Andrés, que, sin querer o queriendo, queda en calidad de ignorante y psicótico; 3.- los enemigos, entre ellos destaca el señor Jesús Ramírez, al cual le dan la aporreada de su vida; y 4.- la confirmación de la construcción de un régimen de fanáticos que llevan al país a la ruina.
El morbo es el morbo y ya tengo mi librito del Scherer.


