Al derecho y al revés
El caso de Julio Iglesias
El pasado 5 de enero, dos mujeres latinoamericanas – Rebeca y Laura, nombres ficticios usados para protegerlas – presentaron una denuncia formal contra el cantante Julio Iglesias en la Fiscalía de la Audiencia Nacional de España.
Las acusaciones son muy graves: agresiones sexuales, hostigamiento, explotación y hasta trata con fines de trabajo forzado y servidumbre. Dicen que los hechos ocurrieron entre enero y octubre de 2021 en residencias del artista en República Dominicana y Bahamas, y tienen el apoyo jurídico de Women 's Link Worldwide.
Ya se habían escuchado testimonios sobre comportamientos de acoso o contacto sin consentimiento que el cantante tenía con mujeres, el más famoso es el de Verónica Castro, que en entrevistas dijo que él la tocó indebidamente. Pero este caso marca un antes y un después: no solo por lo importante que es la denuncia, sino porque es la primera vez que estas acusaciones llegan formalmente a la justicia, con acompañamiento legal y una serie de cargos penales mucho más amplios.
Después de que se publicaran las denuncias contra Julio Iglesias – y su posterior respuesta negando los hechos – asociaciones feministas y colectivos culturales han salido a la luz para dejar en claro su postura.
En Madrid, la Federación de Mujeres en Igualdad destacó que "este caso demuestra que la violencia de género no distingue entre clases sociales ni fama; las trabajadoras domésticas merecen la misma protección que cualquier otra mujer". Por su parte, la Asociación de Mujeres Juristas Themis advirtió que "la justicia española debe actuar con rapidez y sin privilegios, porque la impunidad de las figuras públicas ha sido una constante que socava la credibilidad institucional".
Además, los colectivos feministas en España han solicitado que se retiren los premios y reconocimientos que el cantante ha recibido a lo largo de su carrera.
En nuestro país también alzamos la voz. La Red de Colectivos Culturales por la Igualdad manifestó, mediante un comunicado, que “la cultura no puede ser excusa para encubrir abusos; la música romántica de Iglesias forma parte de nuestra memoria, pero no puede ser usada para silenciar a las víctimas”.
El caso, o los casos, para ser más precisa, escandalizan aún más porque no solo abordan el acoso sexual, (grave, y mucho, claro que sí) también está sacando a la luz explotación laboral, con jornadas extenuantes de más de 16 horas, control económico e incluso las denunciantes hablan sobre control sobre su salud sexual y reproductiva, al ser obligadas a realizarse pruebas ginecológicas, supervisadas por médicos que el intérprete impusiera.
A nivel global, las trabajadoras del hogar, en su mayoría mujeres, tiene mucha carga racial y económica. En el Caribe y América Latina, la mayoría son mujeres pobres – muchas afrodescendientes, indígenas o migrantes – y viene de una larga historia de trabajos forzados y esclavitud.
Y cuando la trabajadora vive en el mismo lugar donde trabaja, mucho peor. Tiene riesgo específicos: está aislada, depende económicamente, no hay horarios definidos, y es muy difícil denunciar cuando sufren abusos.
Todavía estamos esperando información oficial para ver hasta dónde llegan las denuncias legalmente, pero el punto es que el caso de Julio Iglesias se ha convertido en todo un referente en la lucha por la igualdad y la justicia.
Esperemos, por supuesto, que no exista impunidad y de ser culpable reciba un castigo ejemplar.


