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TRENTON, Nueva Jersey, EU, 3 de enero de 2926.- El 3 de enero vuelve a quedar marcado en la historia latinoamericana. Hace exactamente 35 años, un 3 de enero de 1990, el entonces dictador panameño Manuel Noriega fue detenido y trasladado a Estados Unidos tras la invasión militar conocida como la Operación Causa Justa.
Esta misma fecha vuelve a quedar marcada en la historia regional con la detención del presidente venezolano Nicolás Maduro, un hecho que se produce en medio de una escalada militar sin precedentes y que reabre viejos debates sobre la intervención estadounidense en América Latina.
En el caso de Panamá, la captura de Noriega puso fin a más de dos décadas de control militar y abrió un proceso de transición política tras años de sanciones, aislamiento internacional y acusaciones por narcotráfico. Noriega fue llevado a Estados Unidos, donde enfrentó cargos federales y pasó años en prisión, un desenlace que transformó el rumbo político panameño y dejó profundas huellas en la memoria colectiva del país.
Tres décadas y media después, el escenario venezolano presenta paralelismos inquietantes. Maduro ha sido señalado durante años por Estados Unidos por presuntos delitos relacionados con narcotráfico y violaciones a los derechos humanos, en un contexto de sanciones económicas, ruptura diplomática y fuerte presión internacional. La detención anunciada este 3 de enero se produce tras reportes de operaciones militares y tensión regional, generando incertidumbre sobre el futuro inmediato del país.
Sin embargo, las diferencias también son clave. A diferencia de Panamá en 1990, Venezuela enfrenta hoy una crisis humanitaria profunda, una diáspora de millones de ciudadanos y un entramado geopolítico más complejo, con actores internacionales que observan con atención el desarrollo de los acontecimientos. El impacto de lo ocurrido podría sentirse no solo a nivel interno, sino en toda América Latina.
Para muchos analistas, la coincidencia de fechas no es solo un dato histórico, sino un recordatorio de cómo Estados Unidos ha intervenido en momentos críticos del hemisferio, con consecuencias que se extienden durante décadas. Tal como ocurrió con Panamá, el desenlace de esta nueva crisis marcará un antes y un después para Venezuela y para la región.
Mientras el mundo sigue de cerca la evolución de los hechos, el 3 de enero vuelve a instalarse como una fecha simbólica en la historia latinoamericana, pues conecta el pasado de Panamá con el presente incierto de Venezuela.